BIOGRAFIA DE ANTONIO  BUERO VALLEJO

Antonio Buero Vallejo nació el 29 de septiembre de 1916 en Guadalajara. Su padre, Francisco, capitán del Ejército y profesor de Cálculo en la Academia Militar de Ingenieros, era natural de Cádiz; su madre, María Cruz, de Taracena (Guadalajara).

Pronto se aficionó a la lectura gracias a la completa biblioteca que poseía su padre, lo que le permitió el acceso a textos literarios y dramáticos. Aficionado a la música y a la pintura y el dibujo, desde los cuatro años dibuja incansablemente, porque quería ser pintor.

Estudia Bachillerato en Guadalajara entre los años 1926 y 1933. En 1932 recibe el primer premio de un concurso literario para alumnos de Segunda Enseñanza y de Magisterio de Guadalajara por la narración El único hombre, sin editar hasta 2001 en Antonio Buero Vallejo, dramaturgo universal. Comienza a redactar unas Confesiones que posteriormente destruye.

En 1934 la familia se traslada a vivir a Madrid, y allí ingresa en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. Le sigue interesando la pintura, pero las lecturas son continuas, así como su asistencia al teatro.

BIOGRAFIA DE ANTONIO  BUERO VALLEJO Aunque no milita en ningún partido, se acentúa su sensibilidad por la política y se siente próximo al marxismo.

Al comenzar la Guerra Civil piensa en alistarse voluntario para ir al frente; finalmente desecha esta idea ante la oposición de su familia.

En la contienda su padre es detenido y fusilado el 7 de diciembre de 1936.

Participó en la Guerra Civil Española por el bando republicano, sufriendo cárcel por esta cuestión.

A pesar de esto no se rindió, y cuando salió, se concentró en el teatro, al que nunca dejó de imprimir una profunda denuncia social y política, que le valió incluso la imposibilidad de estrenar alguna de sus obras.

Al estallar la guerra y no pudiendo alistarse como voluntario por la negativa de sus padres, trabaja en el taller de propaganda plástica de la F.U.E. hasta que al ser movilizada su quinta es destinado a un batallón de infantería.

Al final de la contienda es condenado a muerte, pena que le fue conmutada ocho meses después. Tras un largo peregrinar por diversas cárceles (en la de Conde de Toreno permanece año y medio y en ella realiza el famoso retrato de Miguel Hernández, con quien intimó mucho) sale en libertad condicional el año 1946.

Del penal de Ocaña sale en libertad condicional, pero desterrado de Madrid, a comienzos de marzo de 1946, por lo que fija su residencia en Carabanchel Bajo, aunque pasa la mayor parte del día en la capital.

Se hace socio del Ateneo y publica algunos dibujos en revistas para conseguir ingresos, pero su afición pictórica empieza a decaer en pro de la escritura. Refleja a través de la narrativa los pensamientos de su último año de cárcel, si bien pronto abandona ese género por el teatro.

El tema de la ceguera, que siempre le había interesado, se convierte en el centro argumental de su primer drama, En la ardiente oscuridad, redactado en una semana del mes de agosto de 1946. Escribe Historia despiadada y Otro juicio de Salomón en 1948.

Vuelve a su antigua vocación pictórica, la cual quedará relegada a un segundo plano al obtener el año 1949 el premio Lope de Vega con Historia de una escalera y en el mismo año el premio de la Asociación de Amigos de los Quinteros por su acto único: Las palabras en la arena.

La historia de una escalera (1949) —obra que marcó un hito en nuestro teatro de la postguerra— se puede calificar como el drama de la frustración social visto a través de tres generaciones de la clase media baja.

Su labor como dramaturgo se amplía, y publica y estrena de forma constante sus obras en varios teatros de Madrid, incluso Historia de una escalera es llevada al cine por Ignacio F. Iquino.

El tema común que liga toda su producción es la tragedia del individuo, analizada desde un punto de vista social, ético y moral. Los principales problemas que angustian al hombre se apuntan ya en su primera obra, En la ardiente oscuridad, y continúan en obras posteriores.

La crítica ha clasificado su obra en teatro simbolista, teatro de crítica social y dramas históricos.
En los años sesenta, consigue estrenar algunos títulos, aunque sigue teniendo bastantes problemas con la censura.

En 1963 se le propone su incorporación al Consejo Superior de Teatro, pero Buero renuncia a ello. Encabezados por Bergamín, firma, con otros cien intelectuales, una carta dirigida al ministro de Información y Turismo solicitando explicaciones sobre el trato dado por la policía a algunos mineros asturianos.

El Ministerio publica la carta en la prensa con una respuesta, y aunque no se adoptan medidas públicas contra los firmantes, hay una condena al silencio por parte de la prensa y cierto «desvío de editoriales y empresas».

Buero no podrá estrenar hasta 1967 a pesar del interés de algunos empresarios por La doble historia del doctor Valmy (escrita en 1964), que permaneció sin representarse en España hasta 1976, ya pasada la dictadura.

Ante las dificultades económicas que padece, se ve obligado a viajar a Estados Unidos. Durante dos meses de 1966 visita una quincena de universidades y, contra su costumbre y sus deseos, da charlas acerca de su teatro, así como conferencias sobre diferentes temas.

En los primeros años de la democracia aumentan los ataques al autor y se producen incluso anónimas amenazas de muerte contra él, aunque la admiración internacional hacia él es constante.
Es miembro fundador de la Unión de Ex Combatientes de la Guerra de España y de la Asociación de Ex Presos y Represaliados de la Guerra Civil.

Miembro de número de la Real Academia Española en 1971 para ocupar el sillón X.
En junio de 1986 muere en accidente de tráfico su hijo menor, el actor Enrique Buero Rodríguez, a cuya memoria está dedicada Lázaro en el laberinto.

El día del estreno se le concede el Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes, por primera vez otorgado a un dramaturgo. El premio se le entrega al año siguiente y el discurso de Buero aparece en el volumen conmemorativo editado por el Ministerio de Cultura y la Editorial Anthropos.

Se celebra en Murcia, en 1987, el Simposio «Buero Vallejo (Cuarenta años de teatro)», que contó con la participación del autor, así como de diversos estudiosos de su teatro y directores de sus obras.

Entre los diversos premios que se le conceden, tenemos que destacar el Premio Nacional de las Letras Españolas en el año 1996, otorgado por primera vez a un autor teatral.

En 1997 concluye su última obra, Misión al pueblo desierto, que se estrena en Madrid el 8 de octubre de 1999.

El 29 de abril de 2000, a los 83 años, muere en una clínica madrileña tras sufrir un infarto cerebral. Su capilla ardiente se instaló en el Teatro María Guerrero, por donde pasaron más de seis mil personas para rendirle un último homenaje.

OBRAS
Obras teatrales por orden de estreno:
Historia de una escalera (1949)
En la ardiente oscuridad (1950)
La tejedora de sueños (1952)
La señal que se espera (1952)
Casi un cuento de hadas (1953)
Madrugada (1953)
Irene o el tesoro (1954)
Las cartas boca abajo (1957)
Hoy es fiesta (1955)
Un soñador para un pueblo (1958)
Las Meninas (1960)
El concierto de San Ovidio (1962)
Aventura en lo gris (1963)
El tragaluz (1967).
Primer Acto (1967).
La doble historia del doctor Valmy (1968)
El sueño de la razón (1970)
La detonación (1977)
En La llegada de los dioses (1971),
La Fundación (1974). Una alegoría sobre la libertad, y las diversas formas (desde la negación a la lucha) en que nos rebelamos contra la esclavitud.
Jueces en la noche (1979)
Caimán (1981)
Diálogo secreto (1984)
Lázaro en el laberinto (1986)
Música cercana (1989)
Las trampas del azar (1994)
Misión al pueblo desierto (1999)
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