POEMA HERIDO POR EL AGUA - Guillermo Pilía

12

Hubo otro tiempo en que íbamos a tientas:
yo escribía derecho en los renglones
de mi vida, como hombre responsable.

Pero éramos igual que dos mendigos
que viajan en la noche silenciosa
atravesando un país de lagunas.

Si todo tenía entonces un sonido
de pérdida, si estabas empeñada
en ignorar los días venideros;

y yo a veces cantaba
con una lengua de engrudo o de pan
que se me desmenuzaba en la boca.


22

Busco a veces con mi dedo un idioma
como el ladrón de tumbas busca el óbolo
en las bocas selladas de los muertos.

Pasa de labio en labio el alcanfor,
una brizna de hierba, un sustantivo
ruinoso y obsoleto:

la leche, una sortija, el pan y el vino,
una carne cubierta por las moscas,
las lluvias de Valdivia o Grazalema.

Arrojo al agua un anillo precioso.
Y sólo de tanto en tanto recojo
sonidos encarnados, como peces.


33

En vano yo buscaba ayer palabras
que tradujeran mayor santidad
que aquella de nuestros cuerpos desnudos,

otro viento mayor,
otros gestos más libres de ataduras
en el baile solar de la existencia.

Qué mezquino balbuceo esgrimía
para decir el gozo del perfume
que atravesaba el aire matutino...

Me he quedado sin voz para contar
cuando estuve por tanto viento herido,
moribundo de luz.


38

Un viento nocturno hace oscilar
el farol de la esquina con sus ráfagas,
como las alas de un ángel oscuro.

Hoy vuelve ese aire y se queda en mi boca
donde soy siempre el infante sin habla
que en las noches borroneaba papeles.

Algún día me nació esta tristeza
de adolescente que intuye el final
del verano en familia y de la infancia.

A veces, en mi niñez, sin quererlo,
en mis manos moría una luciérnaga,
mis dedos sucios de su última luz.


50

Digo sólo una sílaba:
si nadie quiere escucharla es en vano
que complete palabras.

Ninguno, más que yo, tiene la culpa
de que estas voces sean mis monedas
de comercio y a la vez mi tesoro.

¿No hice también un hoyo sobre el limo?
¿No subsistí alimentando un secreto
que las cañas nunca dieron al aire?

Finjo ver oro en la piedra que toco,
en los harapos y el pan; alegría
donde ven casi todos malvivir.

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