POEMA PATERNIDAD
- Porfirio Barba Jacob -

Un viejo triste, huraño, sórdido,
cruzó mi tierra maternal.
Tras lo turbio de sus pupilas
hallé tan sólo ruindad.

¡Cuán malo es! -dije en mi mismo-
¡que no le vea nunca más!
Si no reprimo mis cóleras
los perros le voy a azuzar.

Después -¡oh hermosura de la vida!-
de aquel horrible hombre en pos
iba un niño por el sendero,
y en el sendero era una flor.

Un vaso de agua, con voz pura
me pidió por amor de Dios;
tembloroso y lleno de lágrimas
dije: ¡Por amor tuyo te lo doy!

Era aquel niño claro y fino
rosado cual lirio de abril;
a través del cristal yo mirab
de su boca el puro rubí.

-Pequeñuelo, te doy mi granja,
mi pan, mi afecto: mora aquí.
-Mi viejo padre gana el pan de cada día
y es dichoso en mi amor.

Yo comprendí...
¡oh plenitud! Y desde entonces
a ningún padre odio jamás:
toda miseria la redime
una corona paternal.

Quien tiene un niño, ha ejercitado
divinamente el don de crear.
¿Quien tiene un niño sublima el mundo
y lo nutre de eternidad!

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