Poco me maravilla la osadía de Basanio
De arriesgar todo lo que tenía al plomo,
O que el orgulloso Aragón bajara la cabeza,
O que Marroquí de corazón en llamas se enfriara:

Pues en ese atavío de oro batido
Que es más dorado que el dorado sol,
Ninguna mujer que Veronese mirara
Era tan bella como tú a quien contemplo.

Aún más bella cuando con la sabiduría por escudo
Al vestir la toga severa del jurista
Y no permitieras que las leyes de Venecia cedieran
El corazón de Antonio a ese judío maldito.

¡Oh Portia!, toma mi corazón: es tu debido pago;
No he de objetar a ese aval.