Cuando estoy solo en mi cuarto, de noche,
mirando las paredes verdes de pradera,
tú vienes a mí como un silencio blanco,
subes por la almohada, asciendes por mi cuello
y te metes en mi cuerpo como un viento.

No deberías venirme cuando duermo,
pues no te siento y te extraño.
Entonces creo yo que nunca más podría,
volver a ser dos o algún nosotros,
sino siempre uno solo.
Un solitario lleno de sonidos negros.