Poemas de ANA EMILIA LAHITTE


Algunas maneras de ensayar el adios
1
Cada latido,
pendular, descalzo, regresa al universo.


Altri tempi
Las salas enfundadas como inmensas corolas. Y un secreto soleado:
el país de los patios. (Se decía glicina, heliotropo, diamela,
como hoy se dice ADN, sidaico). Aquel cielo privado,
Amantes clandestinos
Uno
va internándose
en la fatiga horizontal que llega
a seducir los huesos

Aprendizajes
Comienzo
a perder instantes.

A perderme.

Cetreria
Liebre, venado, faisán.


No me atrae la caza

El cuerpo
A Jorge García Sabal y Alfredo Veiravé

Asumo


El sueter de fedorio

En los bordes raídos del suéter
de Fedorio
se arremansa la vida y sus historias.

Exorcismos
("La realidad, sí, la realidad
ese relámpago de lo imposible
que revela en nosotros la soledad de Dios."


Genesis

Después de Dios.



Gironsiglos
(a Enrique Molina)




Huida
(a Elizabeth Azcona Cranwell)

("la verdad que se busca se pierde, se hace libre" Edgar Bayley)


La inadvertencia
(a María Rosa Lojo)

Hemos hablado de los hombres y de cuanto les ocurre a los hombres,
como si la humanidad fuese un planeta inmerso en nuestra sombra.

La jaula
Quién soy,
sola de mí, para violarme
con verdades ajenas
si aún las propias no han sido

La niña extraña
Tenía un grillo entre las sienes
y sabía decir mariposa.
Lo demás lo ignoraba.
Un día descubrió que Dios no era una alondra.

Oficios de la muerte
La veo
trabajar en cal pensante
como si su lujuria de tinieblas le permitiese
inscribir en tierra todos los nombres

Posdata
La toma de conciencia
de haber sido burlados a destiempo
llega después
cuando el morir se ha vuelto

Señales
Aquellos
padres hondos
de que habla Valery
siguen interrogándonos.

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