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Poemas de Angel Gonzalez



A mano amada
A mano amada,
Cuando la noche impone su costumbre de insomnio
Y convierte Cada minuto en el aniversario
De todos los sucesos de una vida;

Alga quisiera ser, alga enredada
Alga quisiera ser, alga enredada,
En lo más suave de tu pantorrilla.
Soplo de brisa contra tu mejilla.
Arena leve bajo tu pisada.

Bosque
Cruzas por el crepúsculo.
El aire
Tienes que separarlo casi con las manos
De tan denso, de tan impenetrable.

Breves acotaciones para una biografia
cuando no tengas nada dame una esquina de tu boca,
cuando no sepas qué hacer vente conmigo
—pero luego no digas que no sabes lo que haces.


Camposanto en collioure
y después gloria.

Aquí,
a orillas de Francia,

Canción de amiga
Nadie recuerda un invierno tan frío como este.
Las calles de la ciudad son láminas de hielo.

Las ramas de los árboles están envueltas en fundas de hielo.

Carta sin despedida
A veces,
Mi egoísmo
Me llena de maldad,


Ciudad cero
Luego una guerra.
En aquellos dos años —que eran
la quinta parte de toda mi vida—,
ya había experimentado sensaciones distintas.

Cómo seré
¿Cómo seré yo
Cuando no sea yo?

Cuando el tiempo

Cumpleaños
Yo lo noto: cómo me voy volviendo
Menos cierto, confuso,
Disolviéndome en aire
Cotidiano, burdo

Deixis en fantasma
No eso.
Ni
—mucho menos— esto.


El derrotado
Atrás quedaron los escombros:
Humeantes pedazos de tu casa,
Veranos incendiados, sangre seca
Sobre la que se ceba -último buitre-

El día se ha ido
Ahora andará por otras tierras,
Llevando lejos luces y esperanzas,
Aventando bandadas de pájaros remotos,
Y rumores, y voces, y campanas,

El otoño se acerca
apagadas cigarras, unos grillos apenas,
defienden el reducto
de un verano obstinado en perpetuarse,
cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.

Elegía pura
Aquí no pasa nada,
Salvo el tiempo:
Irrepetible


En este instante
En este instante, breve y duro instante,
¡Cuántas bocas de amor están unidas,
Cuántas vidas se cuelgan de otras vidas
Exhaustas en su entrega palpitante!

En ti me quedo
De vuelta de una gloria inexistente,
Después de haber avanzado un paso hacia ella,
Retrocedo a velocidad indecible,
Alegre casi como quien dobla la esquina de la

Epílogo
Me arrepiento de tanta inútil queja,
De tanta Tentación improcedente.

Son las reglas del juego inapelables

Eso era amor
—Me entusiasman tus ojos.
Y ella dijo:
—¿Te gustan solos o con rimel?
—Grandes,

Esperanza
Esperanza,
Araña negra del atardecer.

Tú paras

Esto no es nada
para apretar como es debido un trozo de madera,
sólo nos quedaría entre las manos
un poco de tierra.
Y si tuviésemos más fuerza todavía

Inmortalidad de la nada
no será nunca gesta de gusanos.

Los despojos del mar roen apenas
los ojos que jamás

Introduccion a las fabulas para animales
la costumbre fue ésta:
aleccionar al hombre con historias
a cargo de animales de voz docta,
de solemne ademán o astutas tretas,

J.r.j.
—laborioso mecánico—,
apretaba las tuercas a un epíteto.
Luego engrasó un adverbio,
dejó la rima a punto,

La vida en juego
Donde pongo la vida pongo el fuego
De mi pasión volcada y sin salida.

Donde tengo el amor, toco la herida.

Me basta asi
y tuviese el secreto,
haría un ser exacto a ti;
lo probaría
(a la manera de los panaderos

Me falta una palabra
sólo.
Un niño pide pan; yo pido menos.
Una palabra dadme, una sencilla
palabra que haga juego

Mensaje a las estatuas
violentamente deformadas,
rotas
por el golpe preciso del cincel,
exhibiréis aún durante siglos

Mientras tú existas
Mientras tú existas,
Mientras mi mirada
Te busque más allá de las colinas,


Milagro de la luz
choca en silencio contra las montañas,
se desploma sin peso sobre el suelo
desevelando a las hierbas delicadas.
Los eucaliptos dejan en la tierra

Nada es lo mismo

Olvidemos
el llanto
y empecemos de nuevo,

Otro tiempo vendra
Y alguien dirá:
«Hablaste mal. Debiste haber contado
otras historias:
violines estirándose indolentes

Palabra muerta, realidad perdida
el eco vacilante de su alta melodía:
lamento de metal, rumor de alambre,
voz de junco, también
latido, vena.

Para que yo me llame angel gonzalez
para que mi ser pese sobre el suelo,
fue necesario un ancho espacio
y un largo tiempo:
hombres de todo el mar y toda tierra,

Porvenir
Te llaman porvenir
Porque no vienes nunca.

Te llaman porvenir,

Quédate quieto
Deja para mañana
Lo que podrías haber hecho hoy
(Y comenzaste ayer sin saber cómo).


Quise
Quise mirar el mundo con tus ojos
Ilusionados, nuevos,
Verdes en su fondo
Como la primavera.

Rosa de escandalo
Cuando el hombre se extinga,
cuando la estirpe humana al fin se acabe,
todo lo que ha creado
comenzará a agitarse,

Siempre lo que quieras
Cuando tengas dinero regálame un anillo,
Cuando no tengas nada dame una esquina de tu boca,
Cuando no sepas qué hacer vente conmigo
Pero luego no digas que no sabes lo que haces.

Son las gaviotas
Las lentas, altas gaviotas.

Mar de invierno. El agua gris
mancha de frío las rocas.

Todo amor es efimero
durante aquel fugaz momento en que te amaba:
mi vida entera.

Voz que soledad sonando
por todo el ámbito asola,
de tan triste, de tan sola,
todo lo que va tocando.


Ya nada ahora
como un cuchillo
Pero nada ya ahora

—ni siquiera la muerte, por su parte

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