Poemas de CINTIO VITIER


A la poesia
¿Vienes menos cada vez,
huyes de mí,
o es que estamos entrando en tu silencio
—el pedregal, la luz—

Amor
Si vieras en qué playa te he querido
y en qué estrella te ocultas invencible,
qué acentos de mi voz has escogido,
hasta dónde te hunde lo imposible

Ausencia
Qué oculta esta palabra o reverencia
irónica al desdén que la provoca,
gusto que niega todo lo que toca,
negación de sí misma, viva ausencia.

Cancion
¡Oh dulcísimo callar
del ángel de mi sigilo!

¡Oh dulcísimo callar

Cantico nuevo
Este libro no es tanto de poesía
como de conciencia.

Sus versos resultan duros y desabridos

Cola
Detrás de él va un niño
que lleva un suéter rojo
que va detrás de un viejo
que tiene un sombrerito,

De mi provincia
Vuelve la tarde
cuando el niño polvoriento se echa al río
y suena su peso en las nubes
como un fresco morado distinto

Demolicion
Al fin se consumó, después
de tantas perfecciones tan equívocas,
de tanta precaución y cálculo, probando
que nada fuera inútil, ni lo nimio,

Doble herida
Este ir de la vida a la escritura
y volver de la letra a tanta vida,
ha sido larga, redoblada herida
que se ha tragado el tiempo en su abertura.

El convaleciente
La noche extiende su dominio puro
de estrella por mi sanagre aparecida
como un árbol oscuro:
ya no es la muerte ni la vida

El niño
Después del aromático aguacero
ya no iremos por dulce a la bodega,
ni saldremos corriendo hasta la sombra
morada del caimito cariñoso...

El niño inmovil (campesina)
Y así calladamente contra el humo
del arroz en el cuarto que el sinsonte tornasola,
miré tus grandes manos, campesina
férrea de piel, forrada súbita de chispa honda

Estamos
Estás
haciendo
cosas:
música,

Faltabas tu, poeta...
Para Antonio Guerrero

Faltabas tú, poeta. La injusticia
no podía omitirte en su venganza:

La casa
Ah de mi casa, este navío a tumbos
siempre en el mismo sitio navegando
quién sabe hacia qué luces y qué rumbos,
anocheciendo, madre, navegando:

La hoja
Quedará
lo que ella afirma no lo dice
su decir es no decir y no decir y no decir
no infinitamente sino

La jerigonza
Queríamos vivir ocultos,
ser harapientos héroes,
usar el idioma como un trapo tenebroso
que esconde la joya más ardiente.

La mesa
Esta mesa que construyó mi abuelo
para mi padre joven, guarda cosas
dispersas de mi alma, versos, prosas,
fragmentos de ilusión y desconsuelo.

La profesora
Cuando tocábamos el tiembre
al fondo del corredor inerte,
se oían sus tacones por el cuarto
como en una angustiosa novela.

La sala del pobre
La sala del pobre gigantesca, nocturna y decorada
por manos tan seniles que ya tocan el brocado persa del
serafín
dilucida mi pecho minuciosamente, abre su diálogo

No me pidas
No me pidas falsas
colaboraciones, juegos
del equívoco y la confusión:
pídeme que a mi ser

Oculto
Oculto he sido y acunado por el mar
cual si estuviera mi madre en otro iris,
alhaja inmóvil de tristeza para el sol, que anocheciendo
los fríos tulipanes del traspatio, me rodea

Otro
Nunca estoy conmigo. Otro.

El otro, por dentro, afuera,
entre, despertando olvido.

Sedienta cita
Cito textualmente las estrellas
y el hogar complejo de la naranja herida.
Diminuta es la luz en que el buey se esconde
lejos del ave, asoleando eternamente

Sellada vigilia
I


En aquella ciudad morada y mustia

Sellada vigilia (ii)

En aquella ciudad morada y mustia
los mulos del carbón, los níveos pescadores
escanciaban la forma serena de mi angustia,

Sellada vigilia (iii)

Que yo estaré soñando, dormido centinela
de una tarde profunda en olor a lejanía,
ojo de extraña tribu, puso de esta sequía

Trabajo
Esto hicieron otros
mejores que tú
durante siglos.
De ellos dependía

Ultimo epitalamio
Pero si al cabo vienes, despojada
de tus flores nupciales, a la hora
en que el mundo hasta el fondo se desdora
y la ceniza cubre a la mirada;

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