Poemas de CLAUDIA LARS


A chistina georgina rossetti
¿Dónde crece el manzano marinero
que sabe de la espuma y la colina?
¿En dónde la granada granadina
para el cumpleaños del amor primero?

A gabriela mistral
Una rosa de angustias -mar y viento-
y la estrella que gime en tierra oscura;
una secreta herida de ternura
y el camino interior del pensamiento.

A sor juana ines de la cruz
I

¿Quién soltó de tu pecho la impaciente
paloma musical que en fuego sube?

Cancion que te hizo dormir
La noche del mundo:
¡qué largos cabellos!...
Los suelta en la torre,
la torre del viento.

Cara y cruz
Alta visión de un sueño sin espina,
honda visión en realidad clavada;
ansia de vuelo en recta que se empina,
miedo del paso en curva accidentada.

Cartas escritas cuando crece la noche (i)
El tiempo regresó -en un instante-
a la casa donde mi juventud
quiso comerse el cielo.


Casa sobre tu pecho
               I
A medio otoño, casi del olvido
volviendo con la rosa del verano;
el mar del corazón bajo tu mano

Del fino amanecer (fragmento)
Hermoso el visitante,
descubridor de grutas misteriosas
y amigo de mi frente.
Me contó su aventura con las olas;

Dibujo de la fuga (i)
Nunca se ha visto un blanco, un encarnado,
tan amorosos como el lindo verde.
Andrew Marvell


Dibujo de la fuga (ii)
Su puerta
-arco de almíbar y de sal menuda-
abre el tiempo de blusas uniformes
debajo del almendro y la campana.

Dibujo de la fuga (iii)
Y regresé por una carta dulce
que era medio llamada y medio eco.
Resbala el aire como un río de oro;
sube en el agua aquel azul pequeño.

Dibujo de la fuga (iv)
En dominios de nieve
sueña la flor su escala y su corona.
La nieve cae, abandonando el aire
con un latido blanco.

Dibujo de la fuga (v)
Llegó sobre sus botas de soldado
y su medida de alma.
En el vagón lloraba un niño puro
y leían los hombres con anteojos.

Dibujo de la fuga (vi)
Este color de liquen y de algas;
este origen de mar, que nadie advierte;
este canto de grutas sumergidas
y estos silencios de agua, que se beben.

Dibujo del regreso
Para Alberto Velásquez

Alza la dulce muerta su carne soterrada
en verdes que se extienden del suelo a la retina.

Dos sonetos a un mistico
I

Amor que se cruzó por mi camino
y me encontró en la sombra, abandonada.

El misterio
Alma encarnada en mi seno
¿de qué mundos has llegado?
¿Por qué entre miles de madres
a mí has buscado?

En un lugar del alma
En un lugar del alma, entre muros de olvido
y en arenas estériles, se entierran los amores
que nos nacieron muertos; y en tierra bendecida,
donde sueño tras sueño la vida si

Espejo
Miré a la dulce niña del pasado
con piel ansiosa y con el ojo puro,
dibujando su forma contra el muro
donde el amor la había equivocado.

Eva a adan
¡Si tienes sed, Adán, abrévate de mi boca!
¡Ten fe y obra el milagro! ¡Mis besos serán buenos
como el agua que un día brotara de la roca
y como la que el Hijo de humildes nazareno

Fuerteza
Esta colina de girasoles
convertida en zompopero humano;
estos hombres amargos
con desafiantes niños sin ropas;

Hermanos
Peso del aire, vuelo de la tierra
en opuesta verdad y simbolismo;
doble color del cielo y del abismo
que el ojo exacto de la vida encierra.

La cantora y su tiempo
Vivo un temblor de presentimientos
y estoy en medio de la borrasca
como la sacudida hoja de un árbol inútil.


La casa de vidrio
Puerta de cristal el día,
pared de cristal el aire,
techo de cristal el cielo...
¡Dios hizo mi casa grande!

Migajas
Va la hormiga con un retazo de amapola
hacia el blando montoncito de arena.

Yo soy insecto,

Niño de ayer
Eras niño de niebla
casi en la nada;
nombre de mi sonrisa
detrás del alma.

Nodriza
¡Calla , mi flor de leche,
mi siempre niña!
Los sueños que se cuentan
se hacen ceniza.

Palabras de la nueva mujer
Como abeja obstinada
exploro inefables reinos
que desconoces
y al entrar en la memoria de tu corazón

Poeta soy
Para María y Mariano Coronado




Reto
Maduro fuego por azar cautivo
en el estrecho cauce de mis venas.
Brazo de afán helado entre cadenas,
rostro de ayer presente en sueño vivo.

Retrato
Ternura móvil que enraizó a mi lado,
niño grande sin nombre y sin alero;
huésped del sueño en cuerpo verdadero,
oscuro corazón iluminado.

Retrato de don pedro de alvarado
Por la cautiva playa marinera
—centauro casi, casi profecía—
sobre una resonante jerarquía
alzaba su esperanza aventurera.

Romances de norte y sur (10)
Juan Guzmán Cruchaga, quiero
hablar de la tierra tuya.
Tierra visible en el sueño
y en la realidad oculta.

Rosa
Color redondo, carne dulce y fina,
abierto corazón de primavera;
llama fugaz en tierra pajarera,
columna de evidencia matutina.

Sangre
Zumo de angustias, leche milagrosa,
raíz inaccesible, árbol salado.
¡Qué temblor en el túnel anegado!
¡Qué llama y nieve en subterránea rosa!

Sirena
Va sobre espuma alzada, casi en vuelo,
sin rozar el navío ni la roca
y la distancia abierta la provoca
un doloroso afán de agua y de cielo.

Sobre el angel y el hombre (ii)
Ángel enamorado
de la doliente casa de los hombres;
criatura sin pecado
que dejas, olvidado,

Soneto (a claudia lars)
Ahora que padeces por la espina
que tenías clavada entre la rosa
de tu vida de niña prodigiosa
y sabes la verdad que se avecina.

Sonetos del arcangel (i)
Quiero, para nombrarte, voz tan fina
y tan honda... conciencia de la rosa,
eje del aire, llama melodiosa,
cambiante y desolada voz marina.

Sonetos del arcangel (ii)
¡Amor, pequeño amor, amor gigante!
Gusanillo de luz y sol de Enero.
Playa de siglos, clima del instante,
ancla fija en el golfo marinero.

Sonetos del arcangel (iii)
Amor, eres radiante como el día
y como el agua transparente y puro;
vienes de la más clara lejanía
como un panal de sol, rico y maduro.

Sonetos del arcangel (iv)
Se alza mi corazón... rosa de vida,
con musical fragancia y miel de aurora,
y es una dulce y nueva flor cantora
en el rosal eterno suspendida.

Sonetos del arcangel (v)
Nada puede igualarte... ni la estrella
que es ojo y brasa, joya y flor deseada;
ni la flor -ala tímida- clavada
al barro humilde que la forma sella.

Sonetos del arcangel (vi)
Te elevo sobre el mundo y el ensueño,
¡escultura de luz, de aroma y canto!
Ala impaciente, roce de tu manto,
tácito y puro en vida y en diseño.

Sonetos del arcangel (vii)
Te busca el hombre, terco y confundido,
¡sol que al ojo cobarde ha deslumbrado!
¡dardo de lo infinito que has herido
con punta de virtud mente y costado!

Sueño
Fui por el aire, tras la luz caída,
pisando signos y colores planos
y llevaba, desnuda, entre las manos,
la flor de ayer, alzando nueva vida.

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