Poemas de DANIEL CHIROM


A la memoria de raul gustavo aguirre
Estoy de este lado
no sé cómo llegar a tu muerte
enamorarte los ojos
prenderle fuego a tus palabras.

Amor
Todo recomienza.
El que ama se pi

El ojo de los dias
Aún humea el ojo de los días.
En el templo las voces bordan los cielos
y las lluvias bendicen lenguas dolientes.
Un espíritu se ha levantado desde las fauces del océano

Emilio salgari
I


Una sombra improvisa rabiosas aventuras

Eva
Ausencia eterna, hiere mi voz,
dame la palabra del rubí,
un canto del arpa, la belleza del trueno.
Que en cada oración encuentre mi reino.

La diaspora
Hacia los cuatro vientos,
el polvo del camino nos nubló la vista.
Descendimos
hasta volver.

La muerta
Muerta la muerta, encendido su olvido
su nunca más de yegua desbocada, su noche
donde canta la piedra y la nube.
La voz de la muerta no muere, agoniza, permanece

Leonardo y la ultima cena
Por encargo de Ludovico 'el moro'
deletreé durante tres años la Ultima Cena.
No cometí ningún error,
fue mi voluntad que Cristo y sus apóstoles

Li po
La luna callada
canta en el valle.
Nadie la escucha
salvo Narciso

Lilith
La luna es nueva
y el río ya no es el mismo
pero tus ojos permanecen iguales;
sólo quien viajara hacia el fondo de su mirada

Los atlantes
Los sacerdotes egipcios fueron nuestros últimos testigos;
perduró la leyenda por boca de Platón.
Nueve anillos de agua y nueve de tierra,
y de anillo a anillo construimos puentes.

Maria
Desconozco los planes del destino.
Soy el instante
en que la ausencia
es arrebatada por un sile

Mujer
Oh mujer negra, negro corazón, labios impíos, gracia
sombría de árido y seco vientre; mar y nave, barco sin
rumbo, hundido y herrumbroso como el castillo del mago;
navío sin timó

Requiem para philip marlowe
Queda la resaca de tanto café y cigarrillo,
el lejano fulgor de rubias y martinis más allá de toda madrugada,
las calles desiertas, un cuarto solitario, el dolor en la mandíbula.


Sangre y arena
                    a Mario Morales

Tu capa roja sobre la arena
tu rojo haciendo la verónica para que la palabra siga su camino

Sara
Estas ramas
son tus manos
acariciando el cielo
después de cada tormenta.

Umbral (i)
                    A Antoine Saint-Exupéry




Umbral (ii)
II

Vuela
azul

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