Poemas de DOLORS ALBEROLA


Cementerio de nadas
I


Ya hemos vuelto de nuevo al invierno de la lluvia.

Descendimiento
También tú estabas muerto.
No fuera yo la virgen,
la hembra que tuviera recostada
tu cabeza en mi pecho,

El mito de bronwyn
Eran las eras grises mensajeras,
eran las mensajeras de las eras,
eran las mensajeras de las horas,


El poema
cuando no sabía que yo era poeta
(Marina Zvetaieva)



El ultimo tren
Escucho cada noche cómo una voz purísima,
el muchacho tristísimo que cada tarde muere,
me invita a huir, señalando


En el principio fue el numero
Creárase la soledad,
el doble de ella misma,
e incluso el triple y llegárase al siete de la nota,
al lugar del descanso, al punto geométrico,

Genealogia de la hembra
Yo, que fuera tu Agar, la esclava,
y fuera Jezabel,
arrojada a los perros de la noche
y, así, fuera María -tan delicada y pura ante tus ojos-

Mar de nadas
Será difícil arrancar del ciego
enredado una flor: ni una flor sólo,
porque son siglos maraña y pánico.


Memoria de quevedo
Ahora (que, renacida, miro todo
y espero de tu cuerpo la esperanza
-la mano que se abisma en la labranza
de renacer del agua tanto lodo-.

No hubiera amor mas grande
«He visto los mejores cerebros de mi generación destruidos por
la locura, famélicos, histéricos, desnudos.»


Oda de despedida temporal a manuel francisco reina
«Tus nobles piernas, bajo los volantes que cazan,
tormentan los deseos oscuros y los excitan,


Ofertorio
Rota y muerta, Señor, tan astillada
y pertrecha y fugaz y arrepentida
y segura y dudosa oscurecida,
triunfadora y vivaz, muy humillada,

Temporal
(Ray, llévanos con tu vara ciega por la Zona Peligrosa
de la Mente y sorpréndenos otra vez)
(Armando Romero)


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