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Poemas de Edgar Allan Poe


A la señorita
¿Qué me importa si mi suerte terrestre no
encierra en mí mismo más que una pequeña
cosa de esta tierra? ¿qué me importa si años
de amor son olvidados en un momento de odio?

A mi madre
Porque siento que allá arriba, en el cielo,
los ángeles que se hablan dulcemente al oído,
no pueden encontrar entre sus radiantes palabras
de amor una expresión más ferviente que la d

Amigos que por siempre nos dejaron
Amigos que por siempre
nos dejaron,

caros amigos para siempre idos,

Annabel lee
Hace de esto ya muchos, muchos años,
cuando en un reino junto al mar viví,
vivía allí una virgen que os evoco
por el nombre de Annabel Lee;

Balada nupcial
En mi dedo el anillo,
la guirnalda nupcial mi sien decora;
de sedas y diamantes busco el brillo,
y soy feliz ahora.

Deseas que te amen
¿Deseas que te amen? No pierdas, pues,
el rumbo de tu corazón.

Sólo aquello que eres has de ser

El cuervo
Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormi

El dia mas feliz
El día más feliz, la hora más dichosa, los ha
conocido mi corazón agotado y marchito; pero
siento que ha desaparecido ya mi más alta esperanza
de orgullo y de poderío.

Espiritus de la noche
Tu alma, en la tumba de piedra gris
estará a solas con sus tristes pensamientos.

Ningún ser humano te espiará

La durmiente
Era la medianoche, en junio, tibia, bruna.
Yo estaba bajo un rayo de la mística luna,
Que de su blanco disco como un encantamiento
Vertía sobre el valle un vapor soñoliento.

Ojala mi vida fuera un sueño
¡Ojalá mi joven vida fuera un sueño duradero!
Y mi espíritu durmiera hasta que el rayo certero
De una eternidad anunciara el nuevo día.


Para annie
¡Gracias a Dios! la crisis, el mal ha pasado y
la lánguida enfermedad ha desaparecido por
fin, y la fiebre llamada «vivir» está vencida.


Solo
no he visto como otros veían,
no pude sacar mis pasiones desde una común primavera.

De la misma fuente no he tomado mi pena;

Soneto a la ciencia
¡Ciencia! ¡verdadera hija del tiempo tú eres!
que alteras todas las cosas con tus escrutadores ojos.
¿Por qué devoras así el corazón del poeta,
buitre, cuyas alas son obtusas realidades

Un sueño
¡Recibe en la frente este beso!
Y, por librarme de un peso
antes de partir, confieso
que acertaste si creías

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