Poemas de Eduardo Zambrano


Chinese
Con el alma en rastras.

Con este ángel custodio de la conciencia
aún borracho y maldiciente.

Colegas
Qué hermosa época para vivir la poesía:
entre los que le mendigan un poco de espacio a la red
y otros a la vieja política.
Los cibernautas y los mochileros, mis colegas

De paso
La genética del alma:
el destino.
Al más puro sentido clásico
regreso.

Duelo
Lo frío del metal
como una extraña fiebre
alimentada por la ofensa.
Su peso de venganza

Entiendo
Entiendo que este día
nadie va a llamar.
Ni los más caros deseos,
ni esas fantasías que me han acompañado

Esperar
Puede esperar el llanto de un hijo
para hacerlo fuerte.

Puede esperar la salvación del miserable

Hierba
Aprendí de los clásicos
a no esperar nada de nadie
y todo lo que en el misterio
se madura... probarlo.

La casa
Mi casa no tiene muros,
tiene certezas.

Mi casa no tiene puertas

Muladar
Amanezco
con el trajinar de las ratas
entre la hierba
y el hedor del perro muerto

Nadie
Pensar que muchos buscan una piedra
o la raíz
dónde aferrarse para luego seguir nadando contracorriente.


Plegaria
Sin más temores ni remordimiento
elevo esta plegaria al Desalmado.

Él, solo, que solo es alma, me ha dado

Presa facil
Este que ahora ven
militante de corbata y saco,
líder de proyectos
y otros fantasmas del deber

Retrato de familia
Nos reunimos frente a la ventana.

Un relámpago iluminó nuestras caras
y no muy lejos

Sectas
Hay quienes temen perder la eternidad
en un momento.
otros pierden todos los días el momento
al resguardo de la eternidad.

Ser y estar
El ventilador no deja de girar contra una misma idea.
A estas horas de la tarde puedo estar triste


Testigo
Al menos aquí
en medio del desamparo
tuve un testigo:
me tuve a mí mismo

Valle de oaxaca
Ni la vieja gloria de los maravillosos imperios
se ha salvado.
Ni el orgullo de las catedrales,
ni siquiera el remanso de la fe en los monasterios

Vandalismo literario
El vandalismo literario y la casa de las palabras:
poca cosa para los que viven solos o a la intemperie,
donde son presa fácil de la lluvia, pero nunca más


Viceversa
Firman su sentencia de muerte
los que publican su vida
en algunos versos incipientes
que les quitan el amor, los sesos, los días.

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