Poemas de Eliseo Diego


Arqueologia
Dirán entonces: aquí estuvo
la sala, y más allá,
donde encontramos los fragmentos
de levísimo barro, el sitio

Artesanos
Pules y pules, ves, el duro verde
hasta que al fin brota. Le has querido
forma de pétalo.
(Más tarde

El general a veces nos decia
El general a veces nos decía
extendiendo sus manos transparentes:
"así fue que lo vimo aquel día
en la tranqula lluvia indiferente

El oscuro esplendor
Juega el niño con unas pocas piedras inocentes
en el cantero gastado y roto
como paño de vieja.


El sitio en que tan bien se esta
1


EL sitio donde gustamos las costumbres,

El viejo payaso a su hijo (4)
Pero mañana,
cuando las viejas barran a conciencia
el poco de hoy que queda en las colillas
por todo el ancho espacio desolado

Elegia con un poco de amargura
Ésta es otra elegía, pero
dedicada a un hombre desagradable,
vecino mío, que nunca
quiso saludarme.

En la cocina
Enrosca el gato su delicia
de sí sobre sí mismo, duerme
de su principio a fin, secreto.
En tanto

Entre la dicha y la tiniebla
Como quien toca con un dedo
la punta fría del agua,
mareándose de sólo
su transparencia demasiada,

Esta mujer
Esta mujer que reclinada
junto a la borda inmóvil de su casa
soporta con las manos arrugadas
el peso dócil de su tedio,

Fracaso
El piano al mediodía, solo,
de álamo en álamo la música,
de resol en penumbra,
no se levanta, no remonta,

La casa abandonada
Hacia el final de la escalera
te has dado vuelta: en el vacío de abajo
el viento solitario hace
las veces de trajín, y la penumbra

Muchacha de la madona
Hiere el perfil de la Madona
su delicada perfección lastima
los ojos insaciables; ella
no tiene culpa: es ella, la muchacha,

Mujer cosiendo
Afuera está el escándalo
del sol,
y la garganta
de la cal desollada que responde

Nostalgia de por la tarde
a Bella


El que tenía costumbre de poner las manos

Quietud
Casi no roza la palabra
siquiera el borde de la luz
bajo la sombra de los mangos.
Todo

Testamento
Habiendo llegado al tiempo en que
la penumbra ya no me consuela más
y me apocan los presagios pequeños;


Versiones
La muerte es esa pequeña jarra, con flores pintadas a mano, que hay en todas las casas y que uno jamás se detiene a ver.

La muerte es ese pequeño animal que ha cruzado el patio, y del

Viajes
Un patio de la Víbora
donde la sombra crece hasta el silencio
en árboles y hierbas y amarguras
y llagas del adobe, tiene

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