Poemas de FRANCISCO DE QUEVEDO


¡cómo de entre mis manos te resbalas!
ncisco de Quevedo -

¡Cómo de entre mis manos te resbalas!
¡Oh, cómo te deslizas, edad mía!
¡Qué mudos pasos traes, oh muerte fría,

A aminta, que se cubrio los ojos con la mano
Lo que me quita en fuego, me da en nieve
La mano que tus ojos me recata;
Y no es menos rigor con el que mata,
Ni menos llamas su blancura mueve. La vista frescos los incendios bebe

A apolo, siguiendo a dafne
Bermejazo Platero de las cumbres
A cuya luz se espulga la canalla:
La ninfa Dafne, que se afufa y calla,
Si la quieres gozar, paga y no alumbres. Si quieres ahorrar de pesadumbres,

A celestina
Yace en esta tierra fría,
Digna de toda crianza,
La vieja cuya alabanza
Tantas plumas merecía. No quiso en el cielo entrar

A dafne, huyendo de apolo
«Tras vos un Alquimista va corriendo,
Dafne, que llaman Sol ¿y vos, tan cruda?
Vos os volvéis murciégalo sin duda,
Pues vais del Sol y de la luz huyendo. ȃl os quiere gozar a lo q

A francisco de quevedo

Anacreonte español, no hay quien os tope,
Que no diga con mucha cortesía,
Que ya que vuestros pies son de elegía,

A la mar
La voluntad de Dios por grillos tienes,
Y escrita en la arena, ley te humilla;
Y por besarla llegas a la orilla,
Mar obediente, a fuerza de vaivenes. En tu soberbia misma te detien

A la violenta e injusta prosperidad
Ya llena de sí solo la litera
Matón, que apenas anteyer hacía
(flaco y magro malsín) sombra, y cabía,
sobrando sitio, en una ratonera. Hoy, mal introducida con la esfera

A lope de vega
Las fuerzas, Peregrino celebrado,
afrentará del tiempo y del olvido
el libro que, por tuyo, ha merecido
ser del uno y del otro respetado. Con lazos de oro y yedra acompañado,

A roma sepultada en sus ruinas
Buscas en Roma a Roma ¡oh peregrino!
y en Roma misma a Roma no la hallas:
cadáver son las que ostentó murallas
y tumba de sí proprio el Aventino. Yace donde reinaba el Palatino

A todas partes que me vuelvo, veo
ncisco de Quevedo -

A todas partes que me vuelvo, veo
las amenazas de la llama ardiente,
y en cualquiera lugar tengo presente

A un amigo que retirado de la corte paso su edad
Dichoso tú, que alegre en tu cabaña,
Mozo y viejo espiraste la aura pura,
Y te sirven de cuna y sepultura,
De paja el techo, el suelo de espadaña. En esa soledad que libre baña

A un avariento
En aqueste enterramiento
Humilde, pobre y mezquino,
Yace envuelto en oro fino
Un hombre rico avariento. Murió con cien mil dolores

A un hombre de gran nariz
Érase un hombre a una nariz pegado,
Érase una nariz superlativa,
Érase una alquitara medio viva,
Érase un peje espada mal barbado; Era un reloj de sol mal encarado.

A un juez mercaderia
Las leyes con que juzgas, ¡oh Batino!,
menos bien las estudias que las vendes;
lo que te compran solamente entiendes;
más que Jasón te agrada el Vellocino. El humano derecho y el d

A un medico
Yacen de un home en esta piedra dura
El cuerpo yermo y las cenizas frías:
Médico fue, cuchillo de natura,
Causa de todas las riquezas mías. Y ahora cierro en honda sepultura

A una adultera
Sólo en ti, Lesbia, vemos que ha perdido
El adulterio la vergüenza al cielo,
Pues que tan claramente y tan sin velo
Has los hidalgos huesos ofendido. Por Dios, por ti, por mí, por

A una dama bizca y hermosa
Si a una parte miraran solamente
vuestros ojos, ¿cuál parte no abrasaran?
Y si a diversas partes no miraran,
se helaran el ocaso o el Oriente. El mirar zambo y zurdo es delincuente

A una nariz
ncisco de Quevedo -

Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una nariz sayón y escriba,

Adán en paraíso, vos en huerto
cisco de Quevedo -

Adán en Paraíso, vos en huerto,
él puesto en honra, vos en agonía,
él duerme, y vela mal su compañía,

Ah de la vida...
ncisco de Quevedo -

"¡Ah de la vida!"... ¿Nadie me responde?
¡Aquí de los antaños que he vivido!
La Fortuna mis tiempos ha mordido;

Al oro de tu frente unos claveles
cisco de Quevedo -

Al oro de tu frente unos claveles
veo matizar, cruentos, con heridas;
ellos mueren de amor, y a nuestras vidas

Al rey felipe iii
Escondida debajo de tu armada,
Gime la mar, la vela llama al viento,
Y a las Lunas del Turco el firmamento
Eclipse les promete en tu jornada. Quiere en las venas del Inglés tu espa

Amor constante más allá de la muerte
ncisco de Quevedo -

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía

Amor me ocupa el seso y los sentidos
ncisco de Quevedo -

Amor me ocupa el seso y los sentidos:
absorto estoy en éxtasi amoroso,
no me concede tregua ni reposo

Aquella frente augusta...
ncisco de Quevedo -

Aquella frente augusta, que corona
cuanto el mar cerca, cuanto el sol abriga,
pues lo que no gobierna lo castiga

Bastábale al clavel verse vencido
ncisco de Quevedo -

Bastábale al clavel verse vencido
del labio en que se vio, cuando esforzado
con su propia vergüenza lo encarnado,

Cargado voy de mí, veo delante
cisco de Quevedo -

Cargado voy de mí, veo delante
muerte, que me amenaza la jornada:
ir porfiando por la senda errada

Casamiento ridiculo
Trataron de casar a Dorotea
Los vecinos con Jorge el extranjero,
De mosca en masa gran sepulturero
Y el que mejor pasteles aporrea. Ella es verdad que es vieja, pero fea,

De quince a veinte es niña; buena moza
cisco de Quevedo -

De quince a veinte es niña; buena moza
de veinte a veinticinco, y por la cuenta
gentil mujer de veinticinco a treinta.

Definicion del amor
Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.

Dichoso tú...
ncisco de Quevedo -

Dichoso tú que alegre en tu cabaña,
mozo y viejo aspiraste la aura pura,
y te sirven de cuna y sepoltura,

En lo penoso de estar enamorado
cisco de Quevedo -

¡Qué verdadero dolor,
y qué apurado sufrir!
¡Qué mentiroso vivir!

Enseña como todas las cosas avisan de la muerte
Miré los muros de la Patria mía,
Si un tiempo fuertes, ya desmoronados,
De la carrera de la edad cansados,
Por quien caduca ya su valentía. Salíme al Campo, vi que el Sol bebía

Fue sueño ayer, mañana será tierra
ncisco de Quevedo -

Fue sueño ayer, mañana será tierra:
poco antes nada, y poco después humo;
y destino ambiciones y presumo,

Halla en la causa de su amor todos los bienes
Después que te conocí,
Todas las cosas me sobran:
El Sol para tener día,
Abril para tener rosas. Por mi bien pueden tomar

Himno a las estrellas
A vosotras, estrellas,
alza el vuelo mi pluma temerosa,
del piélago de luz ricas centellas;
lumbres que enciende triste y dolorosa

Lamentacion amorosa y...
No me aflige morir; no he rehusado
acabar de vivir, ni he pretendido
alargar esta muerte que ha nacido
a un tiempo con la vida y el cuidado. Siento haber de dejar deshabitado

Las causas de la ruina del imperio romano
En el precio, el favor; y la ventura,
venal; el oro, pálido tirano;
el erario, sacrílego y profano;
con togas, la codicia y la locura; en delitos, patíbulo la altura;

Las gracias de la que adora
ncisco De Quevedo -

Esa color de rosa y de azucena
y ese mirar sabroso, dulce, honesto,
y ese hermoso cuello, blanco, inhiesto,

Letrilla lirica
Rosal, menos presunción
donde están las clavellinas,
pues serán mañana espinas
las que agora rosas son. ¿De qué sirve presumir,

Letrilla satirica
La Morena que yo adoro
Y más que a mi vida quiero,
En Verano toma el acero
Y en todos tiempos el oro. Opilóse, en conclusión,

Mil veces callo que romper deseo
- Francisco de Quevedo -
Mil veces callo que romper deseo
el cielo a gritos, y otras tantas tiento
dar a mi lengua voz y movimiento,

Miré los muros de la patria mía
ncisco de Quevedo -

Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes ya desmoronados
de la carrera de la edad cansados

Músico llanto en lágrimas sonoras
ncisco de Quevedo -

Músico llanto en lágrimas sonoras
llora monte doblado en cueva fría,
y destilando líquida armonía,

No me aflige morir, no he rehusado
ncisco de Quevedo -

No me aflige morir, no he rehusado
acabar de vivir, ni he pretendido
alargar esta muerte, que ha nacido

No si no fuera yo...
ncisco de Quevedo -

No si no fuera yo, quien solamente
tuviera libertad después de veros;
fuerza, no atrevimiento, fue el quereros,

Osar, temer, amar y aborrecerse
cisco de Quevedo -

Osar, temer, amar y aborrecerse,
alegre con la gloria atormentarse;
de olvidar los trabajos olvidarse;

Poderoso caballero es don dinero
Madre, yo al oro me humillo,
Él es mi amante y mi amado,
Pues de puro enamorado
Anda continuo amarillo.

Prevencion para la vida y para la muerte
Si no temo perder lo que poseo,
ni deseo tener lo que no gozo,
poco de la Fortuna en mí el destrozo
valdrá, cuando me elija actor o reo. Ya su familia reformó el deseo;

Pues hoy derrama noche el sentimiento
ncisco de Quevedo -

Pues hoy derrama noche el sentimiento
por todo el cerco de la lumbre pura,
y amortecido el sol en sombra oscura,

Que desengaños son la verdadera riqueza
¿Cuándo seré infeliz sin mi gemido?
¿Cuándo sin el ajeno fortunado?
El desprecio me sigue desdeñado;
la invidia, en dignidad constituido. U del bien u del mal vivo ofendido;

Reloj de campanilla
El metal animado,
a quien mano atrevida, industrïosa,
secretamente ha dado
vida aparente en máquina preciosa,

Retrato de don francisco de quevedo
Sin dientes, pero con dientes
como sierra y a la noche no cierra
el negro terciopelo que lo entierra
entre el clavel y el clavón crujiente.

Romance
«A los moros por dinero;
a los cristianos de balde.»
¿Quién es ésta que lo cumple?
Dígasmelo tú, el romance. Yo, con mi fe de bautismo,

Romance satirico
Pues me hacéis casamentero,
Ángela de Mondragón,
escuchad de vuestro esposo
las grandezas y el valor. Él es un Médico honrado,

Sermon estoico de censura moral
¡Oh corvas almas, oh facinorosos
espíritus furiosos!
¡Oh varios pensamientos insolentes,
deseos delincuentes,

Soneto
Yo te untaré mis obras con tocino
porque no me las muerdas, Gongorilla,
perro de los ingenios de Castilla,
docto en pullas, cual mozo de camino; Apenas hombre, sacerdote indino,

Soneto amoroso
A fugitivas sombras doy abrazos;
en los sueños se cansa el alma mía;
paso luchando a solas noche y día
con un trasgo que traigo entre mis brazos. Cuando le quiero más ceñir con laz

Tumulo de la mariposa
Yace pintado Amante,
De amores de la Luz muerta de amores,
Mariposa elegante
Que vistió rosas y voló con flores;

Un nuevo corazón, un hombre nuevo
ncisco de Quevedo -

Un nuevo corazón, un hombre nuevo
ha menester, Señor, la ánima mía,
desnúdame de mí, que ser podría

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