Poemas de Francisco González Léon


Agua dormida
Agua dormida de aquel pilón:
agua desierta;
agua contagiada del conventual
silencio de la huerta.

Antiguallas
Casas de mi lugar que tienden a desaparecer:
raras casas que aún suelo yo encontrar.

Es de ver

Cuartetos
Aunque el uno es insomne,
y el otro un somnolente,
el gato y el grillo se parecen
en que buscan del fogón

Despertar
Sueños de la mañana
de la alcoba en la semioscuridad.

Despertar indolente en que se siente

Dialogo
Los mismos sitios y las mismas calles.

“Días como tirados a cordel”,
tan lisos y tan sin detalles.

Inicial
Fue mi libro de texto un amor escolar;
fue una muchacha triste, la que llegó a quererme
tan hondamente que dejó al pasar
por sobre de mi vida, todo su atardecer.

La casa de doña juana nepomucena
El huerto umbroso, y aquel rosal
que se alcanzaba, desde la sala
de la casita a divisar.
La viejecita que allí vivía;

La gotera
Llovió toda la noche.
La llovizna final aún parpadea
un húmedo rumor en la azotea;
archivo de hojas que moviera el viento.

La nave de la china
La nave de la China
que llegó a Acapulco
le trajo a la noble
Marquesa de Uluapa

Los cuartos de hora
Dos gotas de cristal que rebotaran,
y al rebotar sonaran
con timbre desigual: tín... tán... tín... tán.
Así suenan los cuartos de las horas

Palabras sin sentido
Aunque la mañana está soleada,
tiene algo de una celda abandonada.

Habla la casa porque está callada;

Panoramas
Panoramas de la mañana
que alcanzo desde mi ventana.

Sillares y molduras de la iglesia

Perfumes de haba tonka
La tabaquera de mi tío Jacinto:
de aquel mi tío abuelo
a quien yo conocí de rapazuelo...


Procesional
Aquella Hermana de la Caridad:
aquella Sor Asunción,
que bajo la toca
lleva una boca

Romanticismos
Viejas cajitas de música,
viejas cajitas de laca,
cuya tapa en rectángulo decora
la quietud de una pérgola,

Rumores
El nocturno abecedario
que nos habla en su dialecto
del insecto que en las noches
y en insomnios acompasa

Siestas dogmaticas
Apagado y rescoldo aroma
del profuso jazmín del corredor;
siesta cálida
en que es pálida

Soldaditos de cristal
Lluvia del aguacero,
lluvia de agujas de acero,
lluvia llena de olores y de ruidos
que me mueves el alma y los sentidos.

Suenan las iii
La grande habitación
que el grande espejo
agranda más.


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