Poemas de FRAY LUIS DE LEON


A nuestra señora
No viéramos el rostro al padre Eterno
alegre, ni en el suelo al Hijo amado
quitar la tiranía del infierno,
ni el fiero Capitán encadenado;

Agora con la aurora
Agora con la aurora se levanta
mi Luz; agora coge en rico nudo
el hermoso cabello; agora el crudo
pecho ciñe con oro, y la garganta;

Al salir de la carcel
Luis de León -

Aquí la envidia y mentira
me tuvieron encerrado.
Dichoso el humilde estado,

Alargo enfermo el paso
Alargo enfermo el paso, y vuelvo, cuanto
alargo el paso, atrás el pensamiento;
no vuelvo, que antes siempre miro atento
la causa de mi gozo y de mi llanto.

Amor casi de un vuelo
Amor casi de un vuelo me ha encumbrado
adonde no llegó ni el pensamiento;
mas toda esta grandeza de contento
me turba, y entristece este cuidado,

Cancion a la muerte del mismo
Quien viere el sumptuoso
túmulo al alto cielo levantado,
de luto rodeado,
de lumbres mil copioso,

Del conocimiento de si mismo
Canción

En el profundo del abismo estabas
del no ser encerrado y detenido,

Del mundo y su vanidad
Los que tenéis en tanto
la vanidad del mundanal ruïdo,
cual áspide al encanto
del Mágico temido,

Despues que no descubren
Después que no descubren su lucero
mis ojos lagrimosos noche y día,
llevado del error, sin vela y guía,
navego por un mar amargo y fiero.

Epitafio al tumulo del principe don carlos
Aquí yacen de Carlos los despojos:
la parte principal volvióse al cielo,
con ella fue el valor; quedóle al suelo
miedo en el corazón, llanto en los

Noche serena
Luis de Leon -

Cuando contemplo el cielo
de innumerables luces adornado,
y miro hacia el suelo

Oda a la virgen
Luis de Leon -

Virgen, que el sol más pura,
gloria de los mortales, luz del cielo,
en quien la piedad es cual la alteza:

Oda de la vida del cielo
Luis de Leon -

Alma región luciente,
prado de bienandanza, que ni al hielo
ni con el rayo ardiente

Oda i
¡Qué descansada vida
la del que huye del mundanal ruïdo,
y sigue la escondida
senda, por donde han ido

Oda ii a don pedro portocarrero
Virtud, hija del cielo,
la más ilustre empresa de la vida,
en el escuro suelo
luz tarde conocida,

Oda iii
A Francisco Salinas
Catedrático de Música de la Universidad de Salamanca



Oda iv
Inspira nuevo canto,
Calíope, en mi pecho aqueste día,
que de los Borjas canto,
y Enríquez, la alegría

Oda ix
A Cherinto

No te engañe el dorado
vaso ni, de la puesta al bebedero

Oda las serenas
Luis de Leon -

No te engañe el dorado
vaso ni, de la puesta al bebedero
sabrosa miel, cebado;

Oda v
A FELIPE RUIZ

En vano el mar fatiga
la vela portuguesa; que ni el seno

Oda vi
Elisa, ya el preciado
cabello, que del oro escarnio hacía,
la nieve ha variado;
¡ay! ¿yo no te decía:

Oda vida retirada
Luis de Leon -

¡Qué descansada vida
la del que huye del mundanal ruïdo,
y sigue la escondida

Oda vii
Folgaba el Rey Rodrigo
con la hermosa Cava en la ribera
del Tajo, sin testigo;
el río sacó fuera

Oda viii
A Don Loarte

Cuando contemplo el cielo
de innumerables luces adornado,

Oda x a felipe ruiz
¿Cuándo será que pueda,
libre desta prisión volar al cielo,
Felipe, y en la rueda,
que huye más del suelo,

Oda xi
Recoge ya en el seno
el campo su hermosura, el cielo aoja
con luz triste el ameno
verdor, y hoja a hoja

Oda xii a felipe ruiz
¿Qué vale cuanto vee,
do nace y do se pone, el sol luciente,
lo que el Indio posee,
lo que da el claro Oriente

Oda xiii
Alma región luciente,
prado de bienandanza, que ni al hielo
ni con el rayo ardiente
fallece; fértil suelo,

Oda xiv
¡Oh ya seguro puerto
de mi tan luengo error! ¡oh deseado
para reparo cierto
del grave mal pasado!

Oda xix
¿Qué santo o qué gloriosa
virtud, qué deidad que el cielo admira,
oh Musa poderosa
en la cristiana lira,

Oda xv a don pedro portocarrero
No siempre es poderosa,
Carrero, la maldad, ni siempre atina
la envidia ponzoñosa,
y la fuerza sin ley que más se empina

Oda xvi
Aunque en ricos montones
levantes el cautivo inútil oro;
y aunque tus posesiones
mejores con ajeno daño y lloro;

Oda xvii
Huid, contentos, de mi triste pecho;
¿qué engaño os vuelve a do nunca pudistes
tener reposo ni hacer provecho?


Oda xviii
¿Y dejas, Pastor santo,
tu grey en este valle hondo, escuro,
con soledad y llanto;
y tú, rompiendo el puro

Oda xx
Las selvas conmoviera,
las fieras alimañas, como Orfeo,
si ya mi canto fuera
igual a mi deseo,

Oda xxi
Virgen, que el sol más pura,
gloria de los mortales, luz del cielo,
en quien la piedad es cual la alteza:
los ojos vuelve al suelo

Oda xxii a don pedro portocarrero ausente
La cana y alta cumbre
de Ilíberi, clarísimo Carrero,
contiene en sí tu lumbre
ya casi un siglo entero,

Oda xxiii
Aquí la envidia y mentira
me tuvieron encerrado.
Dichoso el humilde estado
del sabio que se retira

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