Poemas de GUSTAVO ADOLFO BECQUER


Amor eterno
tavo Adolfo Becquer -

Podrá nublarse el sol eternamente;
podrá secarse en un instante el mar;
podrá romperse el eje de la tierra

Habra poesia
tavo Adolfo Becquer -

No digáis que, agotado su tesoro,
de asuntos falta, enmudeció la lira;
podrá no haber poetas; pero siempre

Rima i
un himno gigante y extraño
que anuncia en la noche del alma una aurora,
y estas páginas son de ese himno
cadencias que el aire dilata en las sombras. Yo quisiera escribirle, del ho

Rima ii
que voladora
cruza, arrojada al azar,
y que no se sabe dónde
temblando se clavará; hoja que del árbol seca

Rima iii
miento extraño
que agita las ideas,
como huracán que empuja
las olas en tropel. Murmullo que en el alma

Rima iv
áis que, agotado su tesoro,
de asuntos falta, enmudeció la lira;
podrá no haber poetas; pero siempre
habrá poesía. Mientras las ondas de la luz al beso

Rima ix
l aura que gime blandamente
las leves ondas que jugando riza;
el sol besa a la nube en occidente
y de púrpura y oro la matiza;

Rima l
el salvaje que con torpe mano
hace de un tronco a su capricho un dios,
y luego ante su obra se arrodilla,
eso hicimos tú y yo. Dimos formas reales a un fantasma,

Rima li
poco de vida que me resta
diera con gusto los mejores años,
por saber lo que a otros
de mí has hablado. Y esta vida mortal, y de la eterna

Rima lii
igantes que os rompéis bramando
en las playas desiertas y remotas,
envuelto entre la sábana de espumas,
¡llevadme con vosotras! Ráfagas de huracán que arrebatáis

Rima liii
án las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán. Pero aquellas que el vuelo refrenaban

Rima liv
volvemos las fugaces horas
del pasado a evocar,
temblando brilla en sus pestañas negras
una lágrima pronta a resbalar. Y, al fin, resbala y cae como gota

Rima lix
cuál el objeto
de tus suspiros es;
yo conozco la causa de tu dulce
secreta languidez. ¿Te ríes?... Algún día

Rima lv
el discorde estruendo de la orgía
acarició mi oído,
como nota de música lejana,
el eco de un suspiro. El eco de un suspiro que conozco,

Rima lvi
mo ayer, mañana como hoy,
¡y siempre igual!
Un cielo gris, un horizonte eterno
y andar... andar. Moviéndose a compás, como una estúpida

Rima lvii
rmazón de huesos y pellejos,
de pasear una cabeza loca
se halla cansado al fin, y no lo extraño,
pues, aunque es la verdad que no soy viejo,

Rima lviii
res que de ese néctar delicioso
no te amargue la hez?
Pues aspírale, acércale a tus labios
y déjale después. ¿Quieres que conservemos una dulce

Rima lx
a es un erial,
flor que toco se deshoja;
que en mi camino fatal
alguien va sembrando el mal

Rima lxi
mis horas de fiebre
e insomnio lentas pasar,
a la orilla de mi lecho,
¿quién se sentará? Cuando la trémula mano

Rima lxii
o es un albor trémulo y vago,
raya de inquieta luz que corta el mar;
luego chispea y crece y se dilata
en ardiente explosión de claridad. La brilladora lumbre es la alegría,

Rima lxiii
njambre de abejas irritadas,
de un oscuro rincón de la memoria
salen a perseguirme los recuerdos
de las pasadas horas. Yo los quiero ahuyentar. ¡Esfuerzo inútil!

Rima lxiv
uarda el avaro su tesoro,
guardaba mi dolor;
quería probar que hay algo eterno
a la que eterno me juró su amor. Mas hoy le llamo en vano y oigo, al tiempo

Rima lxix
llar un relámpago nacemos,
y aún dura su fulgor cuando morimos;
¡tan corto es el vivir! La Gloria y el Amor tras que corremos
sombras de un sueño son que perseguimos;

Rima lxv
la noche y no encontré un asilo;
y tuve sed ... ¡mis lágrimas bebí!
¡Y tuve hambre! ¡Los hinchados ojos
cerré para morir! ¿Estaba en un desierto? Aunque a mi oído

Rima lxvi
ónde vengo?... El más horrible y áspero
de los senderos busca;
las huellas de unos pies ensangrentados
sobre la roca dura;

Rima lxvii
hermoso es ver el día
coronado de fuego levantarse,
y, a su beso de lumbre,
brillar las olas y encenderse el aire! ¡Qué hermoso es tras la lluvia

Rima lxviii
lo que he soñado
en la noche pasada.
Triste, muy triste debió ser el sueño,
pues despierto la angustia me duraba. Noté al incorporarme

Rima lxx
ntas veces, al pie de las musgosas
paredes que la guardan,
oí la esquila que al mediar la noche
a los maitines llama! ¡Cuántas veces trazó mi silueta

Rima lxxi
mía: vagaba en ese limbo
en que cambian de forma los objetos,
misteriosos espacios que separan
la vigilia del sueño. Las ideas que en ronda silenciosa

Rima lxxii
A VOZ Las ondas tienen vaga armonía,
las violetas suave olor,
brumas de plata la noche fría,
luz y oro el día;

Rima lxxiii
on sus ojos
que aún tenía abiertos,
taparon su cara
con un blanco lienzo,

Rima lxxiv
pas desceñidas,
desnudas las espaldas,
en el dintel de oro de la puerta
dos ángeles velaban. Me aproximé a los hierros

Rima lxxix
jer me ha envenenado el alma,
otra mujer me ha envenenado el cuerpo;
ninguna de las dos vino a buscarme,
yo de ninguna de las dos me quejo. Como el mundo es redondo, el mundo rueda

Rima lxxv
? verdad que, cuando toca el sueño,
con sus dedos de rosa, nuestros ojos,
de la cárcel que habita huye el espíritu
en vuelo presuroso? ¿Será verdad que, huésped de las nieblas,

Rima lxxvi
imponente nave
del templo bizantino,
vi la gótica tumba a la indecisa
luz que temblaba en los pintados vidrios. Las manos sobre el pecho,

Rima lxxvii
que tienes corazón, y sólo
lo dices porque sientes sus latidos.
Eso no es corazón...; es una máquina,
que, al compás que se mueve, hace r

Rima lxxviii
ndo realidades
con sombra vana,
delante del Deseo
va la Esperanza.

Rima lxxxiii
rio, triste y mudo
hállase aquel cementerio;
sus habitantes no lloran...
¡Qué felices son los mue

Rima lxxxvi
a de rocío que en el cáliz
duerme de la blanquísima azucena,
es el palacio de cristal en donde
vive el genio feliz de la pureza. Él la da su misterio y poesía,

Rima v
itu sin nombre,
indefinible esencia,
yo vivo con la vida
sin formas de la idea. Yo nado en el vacío,

Rima vi
a brisa que la sangre orea
sobre el oscuro campo de batalla,
cargada de perfumes y armonías
en el silencio de la noche vaga, Símbolo del dolor y la ternura,

Rima vii
lón en el ángulo oscuro,
de su dueña tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo
veíase el arpa. ¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas

Rima viii
miro el azul horizonte
perderse a lo lejos,
al través de una gasa de polvo
dorado e inquieto,

Rima x
visibles átomos del aire
en derredor palpitan y se inflaman,
el cielo se deshace en rayos de oro,
la tierra se estremece alborozada. Oigo flotando en olas de armonías,

Rima xi
y ardiente, yo soy morena,
yo soy el símbolo de la pasión,
de ansia de goces mi alma está llena.
¿A mí me buscas?

Rima xii
son, niña, tus ojos
verdes como el mar, te quejas;
verdes los tienen las náyades,
verdes los tuvo Minerva,

Rima xiii
ila es azul y, cuando ríes,
su claridad süave me recuerda
el trémulo fulgor de la mañana
que en el mar se refleja. Tu pupila es azul y, cuando lloras,

Rima xiv
un punto y, flotando ante mis ojos,
la imagen de tus ojos se quedó,
como la mancha oscura orlada en fuego
que flota y ciega si se mira al sol. Adondequiera que la vista clavo,

Rima xix
sobre el pecho inclinas
la melancólica frente,
una azucena tronchada
me pareces. Porque al darte la pureza

Rima xl
o entre mis manos,
sus ojos en mis ojos,
la amorosa cabeza
apoyada en mi hombro,

Rima xli
as el huracán, y yo la alta
torre que desafía su poder.
¡Tenías que estrellarte o que abatirme...!
¡No pudo ser! Tú eras el océano; y yo la enhiesta

Rima xlii
me lo contaron sentí el frío
de una hoja de acero en las entrañas;
me apoyé contra el muro, y un instante
la conciencia perdí de dónde estaba. Cayó sobre mi espíritu la noche,

Rima xliii
la luz a un lado, y en el borde
de la revuelta cama me senté,
mudo, sombrío, la pupila inmóvil
clavada en la pared. ¿Qué tiempo estuve así? No sé; al dejarme

Rima xliv
avo Adolfo Becquer -

Como en un libro abierto
leo de tus pupilas en el fondo;
¿ a qué fingir el labio

Rima xlix
vez la encuentro por el mundo,
y pasa junto a mí;
y pasa sonriéndose, y yo digo:
?¿Cómo puede reír? Luego asoma a mi labio otra sonrisa,

Rima xlv
clave del arco ruinoso
cuyas piedras el tiempo enrojeció,
obra de cincel rudo campeaba
el gótico blasón. Penacho de su yelmo de granito,

Rima xlvi
herido recatándose en las sombras,
sellando con un beso su traición.
Los brazos me echó al cuello y por la espalda
partióme a sangre fría el corazón. Y ella prosigue alegre su cami

Rima xlvii
he asomado a las profundas simas
de la tierra y del cielo,
y les he visto el fin o con los ojos
o con el pensamiento. Mas ¡ay!, de un corazón llegué al abismo

Rima xlviii
e arranca el hierro de una herida
su amor de las entrañas me arranqué;
aunque sentí al hacerlo que la vida
¡me arrancaba con él! Del altar que le alcé en el alma mía,

Rima xv
flotante de leve bruma,
rizada cinta de blanca espuma,
rumor sonoro
de arpa de oro,

Rima xvi
mecer las azules campanillas
de tu balcón,
crees que suspirando pasa el viento
murmurador,

Rima xvii
tierra y los cielos me sonríen,
hoy llega al fondo de mi alma el sol,
hoy la he visto... La he visto y me ha mirado...
¡Hoy creo en

Rima xviii
da del baile,
encendido el color, breve el aliento,
apoyada en mi brazo,
del salón se detuvo en un extremo. Entre la leve gasa

Rima xx
avo Adolfo Becquer -

Sabe, si alguna vez tus labios rojos
quema invisible atmósfera abrasada,
que el alma que hablar puede con los ojos,

Rima xxi
tavo Adolfo Becquer -

-¡Qué es poesía?-
dices mientras clavas
en mi pupila en tu pupila azul.

Rima xxii
o vive esa rosa que has prendido
junto a tu corazón?
Nunca hasta ahora contemplé en el mundo
junto al volcán la

Rima xxiii
a mirada, un mundo;
por una sonrisa, un cielo;
por un beso... ¡Yo no sé
qué te diera por un

Rima xxiv
jas lenguas de fuego
que a un mismo tronco enlazadas
se aproximan y, al besarse,
forman una sola llama. Dos notas que del laúd

Rima xxix
la falda tenía
el libro abierto;
en mi mejilla tocaban
sus rizos negros;

Rima xxv
en la noche te envuelven
las alas de tul del sueño
y tus tendidas pestañas
semejan arcos de ébano,

Rima xxvi
ntra mi interés al confesarlo;
no obstante, amada mía,
pienso, cual tú, que una oda sólo es buena
de un billete del Banco al dorso escrita.

Rima xxvii
rta, tiemblo al mirarte;
dormida, me atrevo a verte;
por eso, alma de mi alma,
yo velo mientras tú duermes. Despierta, ríes, y al reír tus labios

Rima xxviii
entre la sombra oscura,
perdida una voz murmura
turbando su triste calma,
si en el fondo de mi alma

Rima xxx
a a sus ojos una lágrima
y a mi labio una frase de perdón;
habló el orgullo y se enjugó su llanto,
y la frase en mis labios expiró. Yo voy por un camino; ella, por otro;

Rima xxxi
a pasión fue un trágico sainete
en cuya absurda fábula
lo cómico y lo grave confundidos
risas y llanto arrancan.

Rima xxxii
arrolladora en su hermosura
y el paso le dejé;
ni aun a mirarla me volví y, no obstante,
algo a mi oído murmuró: ?Esa es. ¿Quién reunió la tarde a la mañana?

Rima xxxiii
stión de palabras y, no obstante,
ni tú ni yo jamás,
después de lo pasado, convendremos
en quién la culpa está. ¡Lástima que el Amor un diccionario

Rima xxxiv
avo Adolfo Becquer -

¡No me admiró tu olvido!
Aunque de un día,
me admiró tu cariño mucho más;

Rima xxxix
é me lo decís? Lo sé: es mudable,
es altanera y vana y caprichosa;
antes que el sentimiento de su alma,
brotará el agua de la estéril roca. Sé que en su corazón, nido de sierpes,

Rima xxxv
e admiró tu olvido! Aunque de un día,
me admiró tu cariño mucho más;
porque lo que hay en mí que vale algo,
eso... ni lo pudiste sospe

Rima xxxvi
nuestros agravios en un libro
se escribiese la historia,
y se borrase en nuestras almas cuanto
se borrase en sus hojas. ¡Te quiero tanto aún! ¡Dejó en mi pecho

Rima xxxvii
que tú me moriré; escondido
en las entrañas ya
el hierro llevo con que abrió tu mano
la ancha herida mortal. Antes que tú me moriré; y mi espíritu,

Rima xxxviii
avo Adolfo Becquer -

Los suspiros son aire y van al aire.
Las lágrimas son agua y van al mar.
Dime, mujer, cuando el amor se olvida,

Volveran las oscuras golondrinas
tavo Adolfo Becquer -

RIMA LIII
Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,

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