Poemas de Jordi Doce


Amanecer con tejo
En sombra, este ramaje
dispone celdas, redecillas,
calladas oquedades
de una penumbra

Arbol
Abro la puerta, y el olor del agua
al horadar la tierra entra en la sala:
lento vapor que liga el aire y deja
una semilla de alegría

Blue hotel
Al hilo de la siesta las callejas se adensan
en un silencio impenetrable; es entonces
cuando, en este verano solícito, la luz
ensaya su apariencia más palpable

Cancion de tormenta
Escucha el ulular del viento contra el muro;
la hiedra, las acacias baten la piedra sin descanso
y dividen el tiempo como tiernas cuchillas.
Yo te he visto en los intervalos: la l

Cerro de santa catalina
¿Cómo ignorar, al fin,
los avisos del día,
el genio especular del día
al trazar nuestro fiel retrato

Desierto de los monegros
El coche en sombra bajo el tendejón
y flecos de maleza parda junto a las ruedas.

El sol de mediodía percute en el asfalto

Despojos
La luz de media tarde entre la hiedra,
la lumbre inextinguible de algún sueño,
el niño que se ahoga de risa en su columpio,


Despues de la lluvia
Variedad de la vida,
en los nudos del aire, en el bullicio
febril de los insectos
que un vencejo devora

Despues de la tormenta
Cuelgan las nubes sobre el día
como una sucia piel curtida
o la panza de un animal
dispuesto para turbios sacrificios

El esperado
El tiempo ayuda al mito de lo que no sucede.
Él vendrá o ha venido, no se sabe a fe cierta,
abundan los rumores mas no hay pruebas,
pudo ser aquel viejo de la capa raída

El paseo
Arrecia en mí la vida con las primeras sombras.
Al término del día, concluida la tarea,
cuando la luz se inflama, anaranjada,
en muros y parterres,

En el cerro
Se enturbia la mirada, y el aire de la tarde
humea como brasa contra un fondo
de velas sopladas y espuma rota.
El mar es la respiración, la espera.

En grandpoint
Alto día, en el flujo
despacioso del aire,
en el claro erigido
por el baile de aceros

En kelmscott manor
Sobre el musgo peinado,
sobre la losa negra
que confirma tus pasos,
mira el tendón del agua,

En la ducha
Ya el agua se despliega por tu cuerpo
con sus redes de espuma y su tenue perfume,
que es el perfume de tu piel desnuda,
de tu piel que revive con el agua

En la terraza
Suspenso en el polvillo de la luz,
madura el escenario de la tarde,
su armoniosa maraña
(tejados y jardines, el curso del canal

Herida
El tacto y llama de aquel
instante, hoja de nieve
entre mis dedos,
corte y quemadura sobre

Iman
En el cuarto en penumbra, el cerco de la lámpara
arde sobre la página, en los dedos
que aferran el cuaderno, recogidos,
y trazan nuevos signos con serena mudez.

Julio
Hay algas en la orilla, y un sol crudo, tenaz,
lame las avenidas, abre los descampados,
o se enrosca en los buenos días y los quetales
que puntean, ligeros, como insectos al vuelo

Lectura de marguerite yourcenar
La tranquila insistencia del agua en mi ventana
es también, esta noche, la calma del lector,
la intriga del que ha entrado en el secreto.
Cartas a sus amigos: el arco de una vida

Llamada
¿Quién llama en el silencio de la tarde?
¿Son las horas, tal vez, al deslizarse
sobre tu cuerpo como el agua,
como el agua que anhelas y te anhela

Noche de agosto
Bajo la tela de la noche
y sus linternas diminutas.
La puerta abierta.
La remetida claridad del cuarto

Otros inviernos
Huraña luz de enero, aún recuerdo
tu resplandor sin nadie,
el frío del azul en la garganta,
el aliento helador con que el silencio

Palomas
Cruzan el patio las palomas.
Se cuelgan del alféizar, gorgotean,
van y vienen por la penumbra
con sus plumas raídas y su insolencia terca.

Para vivir
La mano escribe para no morir.
O cuenta el mundo en sílabas contadas
para decir: aquí termina el mundo,
fuera impera la noche

Principio del paramo
versión de un poema de Ted Hughes

Donde no había nada
alguien dispuso un lago amedrentado

Reencuentro
Ojalá que la noche sea esto únicamente:
la pesada respiración del mar
como un animal torpe y hechizado,
un pañuelo de cuentas negras bajo tu frente,

Reves del asombro
No hay tiempo en el instante del asombro,
sino el cruce tal vez de muchos tiempos,
baraja ensimismada en un abismo
con fondo en el imán de lo indecible.

Segundo dialogo en la sombra
En la noche, tu mirada abolida
espía entre juncales de negrura:
no acepta de las sombras
su indiferencia, su aparente

Sylvia plath
(McLean Hospital, 1953)

Puedo sentir el mar, o un fondo de campanas.
El ruido de gaviotas me reconforta, alivia

Viejo poeta
Quien extravió la vida al recrearla
con secreta pasión, al hilo de palabras
que forjaron, tal vez, su limpio emblema,
vuelve a mirarte desde su cansancio,

Visita del grajo
El grajo que reposa en esta página
–el mismo que ha graznado en tantas otras,
profetizando noches, carencias, desengaños–
no tiene constancia de su rango:

Vuelo antiguo
El vuelo de esta avispa
en el azul del aire, contra un fondo
de cipreses y falsas
columnas medievales, mientras Paula



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