Poemas de José Miguel Ullán


Ardicia (i)
                    En la noche risueña del destierro, libre ya de la ley y del instinto, un charco de agua clara me detuvo. Moja el dedo cordial trazando un círculo y su humedad al paladar le encasca

Ardicia (ii)
          Llora, porque toda mirada entraña error.
           Mas los andrajos, horca, palio y cruz no morirán por este llanto. Mejor, fulgir a solas y rezar en balde. ¿Cómo el topo? Así; du

Ardicia (iii)
          Persistente, la rosa. Esclavos somos de raíz. Rosa hedionda, zozobra y estupor de la mordaz melancolía.
          A la fosa nasal llama la Historia con sus inciensos categóricos.

Ardicia (iv)
          El sordo dios: la carcajada inmóvil.
           Murmullo de otra luz será tu fe. Aléjate de la expresión forzada o del silencio amilanado. Oye tan sólo la armonía neutra de lo inde

Ardicia (v)
          Si la mano va y pierde la cabeza y, en un doble ademán de supresión, rompe la flecha y borra el blanco, ciérrase luego sobre el gran reloj, sangra y se ofrece al vilipendio abyecto, nada esp

Asedio
Tú, cadáver, camina con madura
amenaza de albor, fúnebre risa
y ojos cerrados para darte prisa
en deslizar el pie quebrado. Ay, jura

He ahi
No te imagino heroica
tampoco en vano

Déjame al ir

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