Poemas de Julio César Aguilar


Cancion
Hay en tu boca
la luz de un hálito
que resplandece


De claridad y esperanza
A mi voz susurró el tiempo
su historia de claridad
y esperanza,
y

Dones de primavera
Un rebaño de nubes negras pasea por el cielo, ensombreciéndolo, mordisqueando la luz vespertina de un sol ya tibio, que, poco a poco, conforme descienden las nubes maduras y sueltan sus frutos de agua

Ecos de la agonia
Fui sólo sombra
habitada por el desdén, por los caprichos
de la luz vagante.
Fructificó en mi ser la desventura

El corazon
Amanece
tras un instante
y otro
ritmando sueños,

El desierto del mundo
A través de la ventana (que son mis ojos)
veo el desierto del mundo
y miro lo que puedo, lo que sé mirar:
¿qué fuera yo si no fuera lo que soy?,

El florecido sueño
En la fertilidad de tus manos inacabables
puse anoche a dormitar el sueño
más largamente soñado,
y ya ves ahora, mano tan abierta,

El instante es el camino
Árbol antiguo visto desde una infancia,
el tiempo se deshoja, floreciendo,
siempre reintegrándose a sí mismo,
firme ante los aires de cualquier viento,

Elegia de la pierna
A la sombra de su estatura
bendice tú la harina de su hueso, ceniza caminante
en triste enflaquecido músculo
y piel de nardo.

Escribes...
Escribes
bajo el fulgor de la noche,
sintiendo su influjo
como un llamado a la escritura.

Hacia la muerte
Como moneda
que lanzara Dios al abismo,
sin detenerse,
ruedan los días

Huellas del llanto
Como abandonados huérfanos, habitantes
del olvido, mis viejos zapatos
repasan todavía su historia
desde el recinto de las añoranzas y lo inservible.

La consigna y el milagro
Volver a tus dominios, infancia,
acercarse es lentamente
a la explosiva boca de un volcán
y luego ¿para qué volver entonces

La espera
Ha vuelto a madurar la fruta sobre la mesa,
las flores de las macetas ya se secaron,
enterradas las cosas bajo el polvo
¿qué se puede hacer?

La flor en la tierra
La semilla de la muerte
que ha de germinar al sol
revienta bajo la tierra.


La hora
Vuelve la luz
a hacerse luz, plácida claridad
en el vaivén de sombras,
y la calma otra vez, el remanso

La vida otra
Algún día seré pastura para la muerte,
no más que polvo triste en el desierto del mundo.
Mi sangre cesará su danza y en ese instante
todo se habrá consumado.

Mañana escuchare...
Mañana escucharé
el eco de tus pasos
en mi memoria,
no para reconstruirte,

Medianoche
Los pensamientos, hoy perdidos,
en la eternidad de mi noche
buscan su cauce, su destino.


Mundonuestro
Del niño que respiró en mí
alimentado de mi sangre
y con mis huesos protegido,
de ese solo niño

Nada puedo pedirte
Dame lo que me quieras dar, Señor,
nada quiero pedir, nada te exijo,
hoy ya comprendo que si miro el cielo
es tu resplandor de luz lo que miro;

Nada, sino tu sombra...
Nada, sino tu sombra
galopando.
Va y viene a través de las cortinas
translúcidas del pensamiento.

Nunca digas
Mano abierta, di, dime, dilo,
dícelo a tus dedos
que me exprimen desde muy adentro
toda la amorosa sangre;

Si acaso...
Yo nada pido, nada
estoy diciendo, no,
es nada lo que quiero
al decir lo que digo;

Solo un rumor
Ven, aún es tiempo de habitar el paraíso,
me dije
cuando en el alma crecía tal deseo
como un rumor de aves:

Soy el guardian...
Soy el guardián
de la noche,
administrador de los sueños
y de las conquistas.

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