Poemas de Luisa Futoransky


A veinte años de auschwitz, bergenbelsen y los otros
¿Dónde guardarán el alma los algarrobos,
los pinos o los alerces?
¿Dónde sufrirán a Dios?
¿En qué lugar alguno de triste corazón

Cartulina de ljubljana
Ljubljana tiene un río. Más bien modesto si lo comparo con las desembocaduras del Yangtsé o el Río de la Plata pero para río que no es de desierto y se seca todo el año menos tres días en que arrasa t

Dentadura
Batallas sangrientas, perdidas de antemano por cada una de mis
muelas y mis dientes un mapa con banderilleo
de privaciones y cercenamiento cuyas trazas
se pierden en las mismas

Estofado
Escribir con la paciencia de un entomólogo, 
la displicencia de un dandy y la febrilidad 
del buscador de oro.
El poema, la más frágil transparencia nup

Jerusalen, una copa de vertigo
Las rosas de Jerusalén son complicadas
Los peregrinos desesperan
El camino de las rosas de la verdad
es absoluto.

La mano fertil
las plantas como las palabras crecen en forma inesperada
por tanto hay que modelarlas de acuerdo a su naturaleza
sin desdeñar el azar


La ristra
Con una ristra de ajíes en el muro se puede atravesar el invierno.
Hacer como que no existen los estragos del dinero, las arrugas ni la fatiga de vivir.
Con ella se pueden machacar derro

La sin tiempo
deshice casas
perdí bibliotecas
me fui con lo puesto
en una valija

Los 613 de tu transito
Están los corazones inteligentes, los corazones ordinarios, los groseros, mezquinos, de pocas luces, híbridos, hediondos, con sarro.
Los corazones arvejitas, los corazones hígado de pato.


Los leones del puente roto, arles
partir
una sombra
un vaso
florecer

Paris, desvelos y quebrantos
un timbrazo
anónimo
imperioso
miserable

Reseña
Soy de otra parte, otro cuerpo, otro golfo
para que me entiendan
para que no me entiendan demasiado
por atajos y digresiones

Santos lugares
El país no existe.
Después de quince años la calle natal había cambiado de nombre y las casas no sólo eran otras sino que ni siquiera conservaban sus números catastrales.
Sólo la ajada f

Slow
Lo más atroz de la infancia es la sumisión. 

Casi al filo de lo irreparable. 


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