Poemas de María Eugenia Caseiro


¿adonde?
Finalmente data en el abrazo
una tonelada de papel sin nombre
y tus pies corren blandos ejercicios
de mañanas tan viejas

A la vida soñada quemando el sol de los espejos
“Hay un lugar que yo me sé
en este mundo, nada menos...”


Abandono
[a]
En medio el corazón que ya no cuenta
duermevela
el tiempo tiempo tiempo…

Ahora y en la hora del mar
El mar lleva en las sienes un peso porfiado y terrible, el golpe
de una voz de sal afila su arpón en el oído; una gota de salitre
en el ojo soñoliento, desnuda el cielo que brilla en la

Borradores x
"En la distancia inabarcable
se funden los adioses"
Teodoro Lecman


Caminho
Marco con las migas de mi cuerpo
el camino del espejo
en que los bailarines de la noche danzan.


Como un angel muerto
Abre el agujero
enfrenta el desabrigo, tiembla
el poema tiembla como un ángel recién nacido
frente a los bancos alineados que aguardan fríamente

Crecen violetas en el atico
Viajo al corazón
en la oscura membrana de la noche
dejando algunas cosas sin nombrar.


De profecias y puertas
Soy araña feliz sobre la tela
en el ir y venir de las agujas
hasta sentirme olvidada
de las flor mistificada y de los parques.

De ustedes todos mis caminos
“Todos mis huesos son ajenos…”
Vallejo

Me ata otro dolor surcando ese dolor de siempre

Dedos
Tus dedos lanzan oscuros sin ley
sobre las horas, granos de sal
colmenas y alfileres. ¡Galgos!
correr correr correr…

Del tiempo aquel
Recorto pedazos de paisaje
en el tiempo preciso
para darles
esa emoción del ave

Disparo
Cuando pongo el dedo en el gatillo
el agua se detiene
olvido responder tantas preguntas
el gallo se desprende del reloj

El gato bajo el arco
Ya habías alcanzado
al ratón de tus axiomas
ahora detenido en el reloj
Ah!, mi amigo

El vaso roto
Pasa el cuervo
en el temblor de un pie
rompe un vaso
sobre la colección de mesas.

Es muy tarde
Apaga la ciudad y deja
esta calle de palabras deslucidas
con sus noches de alfabetos y de moscas
en los tejados un gato

Esperando la lluvia
No eran festones calcinados, ni salamandras, ni murciélagos
sino tus manos esperando la lluvia.
Y la figura exprimida varias veces se te secaba al sol
en un sueño en que también s

Esperar
Las ventanas se apagarán un día;
hagamos cuenta que hasta aquí
lo habías previsto, lo había previsto
polvo polvo el polvo

Hojas en blanco
Rameras de la noche sin consuelo
las notas del reloj que dibujaban
sus trípticos, pendientes de la hora
buscaban el color desesperadas

Horeja
la horeja se desbiblia de hoy
sale del libro perfumado de fantasmas
de porfías ortográficas
a tocar estatuas nuevas;

Huir
El temor
atrapa lo que queda de tus ojos
el destello fijo en la carrera
terrible claridad sin muerte como agua

Isotopos
A la Abuela, a mis Hermanas, a mi Madre

Palomas.


La calle
La calle es un burdel donde las horas
toman cuenta.
El vagabundo gris
a un paso de anotar la despedida

Las cosas en su vacio
El haber sido,
la duda al menos;
pizca, señal, asomo, idea...
la muerte que tuvo sus rasgos de vida

Llanto por unos zapatos muertos
Estoy llorando en el paño roto de la noche
y mi niñez que ahora no me entiende
reniega de mi llanto.


Los enredados
“Estoy perdido en el bosque de las comunicaciones” Miguel S. Aparicio

Todos se pierden
los fe

Me niego
He estado a punto
de emblanquecer como los ángeles
cuando el labio con que soplo el talco de los días
borraba la esfera del reloj

Morder lo breve
A causa de mis vestidos rotos
de mis estrellas fracturadas
de mis paisajes eternamente cosidos al recuerdo
alunizan tus avispas de seda buscadas en el aire

Nadas
[1]
Enraizada la costumbre confluye sin reposo
en ti, en mi, en nosotros verso adentro
no te busca el letargo en otro cuerpo

No soy yo
Porque el mar se ha quedado
putrefacto en otra orilla,
yo inconforme,
con mis párpados ceñidos al calor y al verde claro

Olvidado de silencio y mancha
Los silencios deben parir por ende
silencios para permitirte sentado en el origen
nuevamente elegido tú mismo rey de tus melancolías
encontrarte.

Pasos
Plata encendida tus pasos de romero al sol
mis pasos
bruma y montaña el mundo nuestro
aposento en que te ríes

Residuos
Primero.

Duelen las farolas. Un papel
volante gris escapa

Retrato
Una mujer en negro y blanco
detiene el minutero
se cruza de brazos
sin alfileres

Saltar
Saltar de alguna forma el mediodía
crecer en el crepúsculo
tocar la yema
fruncido el llanto. Vernos

Sin domingo
Era de granizo el verde derramado
junto a la blancura el pájaro de hielo.
El cielo nace al hombre atento
que mueve el pan nerviosamente,

Suplica
Déjenme entrar allí
donde pastan las hormigas de otros cuerpos.
No me cierren las puertas
donde muero

Tengo lluvia en las manos
No hay más vida ni más muerte
solo lluvia en las manos;
no hay más voz que su voz
en los cristales de agua viva

Tu lengua
Tu lengua es el país de fuego
donde no hay relojes,
donde la palabra dura y difícil,
da vueltas y vueltas

Un deseo
Un deseo de ríos y palmeras
me tiembla entre los dedos
enredándose
en la voz del tiempo

Un nuevo oficio
Mirar desde la altura de un padrenuestro las azoteas envueltas
en la niebla, los amores furtivos, las peleas de vecinos y las
cabezas de los paseantes, es un oficio que se pierde en los<

Van los trenes
Los trenes pasan
a ambos lados de Dios
sin arruinar la muerte
que lima cada paso.

Yo, tu, los arboles...
I
Yo, tú, los árboles perfectamente
juiciosos entre el día y la noche
las calles blancas largas dóciles

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