Poemas de María Rosal


Ajena
Ajena a la cordura, con la pasión al hombro ensangren-
tado por breves mordeduras de placer, camina.
Nadie le ha dado un nombre. Todavía retumban en la plaza
l

Casandra
Desmedida en tu huella,
eres hija inocente
del desierto y las olas.
Azul incandescencia.

Tregua
Tregua para bañar el pensamiento, para lavarlo y perfumarlo, para raspar
la rémora de sargazos.
Tregua para quien bebe un vaso de vino y la nostalgia le obtura la gar-


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