Poemas de María Victoria Atencia


Casa de blanca
          No llamaré a tus puertas, aldaba de noviembre:
el árbol de las venas bajo mi piel se pudre
y una astilla de palo el corazón me horada.
Porque tu no estás, Blanca, tu cos

Casa de los baños
    En dañados espejos un azogue de muerte 
revoca el esplendor morado de los lirios. 
¿Podréis reconoceros bajo el palio sin techo 
de las aguas hediondas? Ocho columnas cercan 

Epitafio para una muchacha
Porque te fue negado el tiempo de la dicha 
tu corazón descansa tan ajeno a las rosas. 
Tu sangre y carne fueron tu vestido más rico 
y la tierra no supo lo firme de tu paso. 

Ghetto
          Denso es el aire aquí. Y tibio. Lo respiro
entre casas que quiebran su fachada en el agua.
Un gato mansamente se me enreda en las piernas
y me retiene inmóvil delante de

Godiva en blue jeans
    Cuando sobrepasemos la raya que separa 
la tarde de la noche, pondremos un caballo 
a la puerta del sueño y, tal Lady Godiva, 
puesto que así lo quieres, pasearé mi cuerpo 

La ardilla
En el hayedo, sobre la cruz de un árbol
salta una ardilla y me parecen propias
y conforme a la naturaleza sus movilidades
y afán frente a un otoño ocre y ya inminente,

La casa
Me adentraba en ella -ante mí en la cubierta del libro-,
en su planta cuadrada y un silencio en sus muebles que adivino o invento:
podría pintarla como cuando era niña y abrir con una cu

La marcha
          Eramos gente hechas al don de mansedumbre
y a la vaga memoria de un camino a algún sitio.
Y nadie dio la orden. -Quién sabría su instante.-
Pero todos, a un tiempo y en

La rueda
    Verdad es que en el mapa figuraba distante, que una rueda 
de mi maleta iba gimiendo, y que en las bocacalles 
su cansancio exponían con razón mis tacones. 
Signos quizás de p

Laguna de fuentepiedra
Llegué cuando una luz muriente declinaba. 
Emprendieron el vuelo los flamencos dejando 
el lugar en su roja belleza insostenible. 
Luego expuse mi cuerpo al aire. Descendía 

Lavadero viejo
    Cóncavas piedras vienen a recibir mi hato 
con un frescor que acepta mi mano en su recinto. 
Guardo turno en el húmedo corredor subterráneo: 
doy paso a las rameras y al ajuar

Mar
          Bajo mi cama estáis, conchas, algas, arenas:
comienza vuestro frío donde acaban mis sábanas.
Rozaría una jábega con descolgar los brazos
y su red tendería del palo de me

Marta y maria
          Una cosa,amor mío, me será imprescindible
para estar reclinada a tu vera en el suelo:
que mis ojos te miren y tu gracia me llene;
que tu mirada colme mi pecho de ternura

Puerto
                              Para Biruté Ciplijauskaité


          Escucho las campanas del puente de los barcos:

Rosa
          En el joyero Tiffany′s se marchita una joven
rosa de Jericó.
Sólo al costado mismo de la muerte comienzan
su plenitud las rosas

Sazon
Ya está todo en sazón. Me siento hecha, 
me conozco mujer y clavo al suelo 
profunda la raíz, y tiendo en vuelo 
la rama, cierta en ti, de su cosecha. 



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