Poemas de Miguel de Unamuno


¡dime que dices, mar!
qué dices, mar, qué dices, dime!
Pero no me lo digas; tus cantares
son, con el coro de tus varios mares,
una voz sola que cantando gime. Ese mero gemido nos redime

¿por que esos lirios que los hielos matan?
qué esos lirios que los hielos matan?
¿Por qué esas rosas a que agosta el sol?
¿Por qué esos pajarillos que sin vuelo
se mueren en plumón? ¿Por qué derrocha el cielo tantas vidas

¿que es tu vida, alma mia?
es tu vida, alma mía?, ¿cuál tu pago?,
¡Lluvia en el lago!
¿Qué es tu vida, alma mía, tu costumbre?
¡Viento en la cumbre! ¿Cómo tu vida, mi alma, se renueva?,

A don miguel de unamuno
Este donquijotesco
don Miguel de Unamuno, fuerte vasco,
lleva el arnés grotesco
y el irrisorio casco

A mi buitre
uitre voraz de ceño torvo
que me devora las entrañas fiero
y es mi único constante compañero
labra mis penas con su pico corvo. El día en que le toque el postrer sorbo

Al amor de la lumbre
sime vanus Homems Al amor de la lumbre cuya llama
como una cresta de la mar ondea.
Se oye fuera la lluvia que gotea
sobre los chopos. Previsora el ama supo ordenar se me temple la cam

Castilla
levantas, tierra de Castilla,
en la rugosa palma de tu mano,
al cielo que te enciende y te refresca,
al cielo, tu amo, Tierra nervuda, enjuta, despejada,

De vuelta a casa
mi cielo a despedirme llegas
fino orvallo que lentamente bañas
los robledos que visten las montañas
de mi tierra, y los maíces de sus vegas. Compadeciendo mi secura, riegas

Dolor comun
te, corazón, son tus pesares
de los que no deben decirse, deja
se pudran en tu seno; si te aqueja
un dolor de ti solo no acíbares a los demás la paz de sus hogares

Dormirse en el olvido del recuerdo...
irse en el olvido del recuerdo,
en el recuerdo del olvido,
y que en el claustro maternal me pierdo
y que en él desnazco perdido! ¡Tú, mi bendito porvenir pasado,

En horas de insomnio
de aquí, no quiero más oírme;
de mi voz toda voz suéname a eco,
ya falta así de confesor, si peco
se me escapa el poder arrepentirme. No hallo fuera de mí en que me afirme

En un cementerio de lugar castellano
de muertos, entre pobres tapias,
hechas también de barro,
pobre corral donde la hoz no siega,
sólo una cruz, en el desierto campo

Es una antorcha
antorcha al aire esta palmera,
verde llama que busca al sol desnudo
para beberle sangre; en cada nudo
de su tronco cuajó una primavera. Sin bretes ni eslabones, altanera

Hasta que se me fue no he descubierto...
que se me fue no he descubierto
todo lo que la quise;
yo creía quererla; no sabía
lo que es de amor morirse.

Hay ojos que miran, hay ojos que sueñan...
os que miran, -hay ojos que sueñan,
hay ojos que llaman, -hay ojos que esperan,
hay ojos que ríen -risa placentera,
hay ojos que lloran -con llanto de pena,

Horas serenas del ocaso breve
serenas del ocaso breve,
cuando la mar se abraza con el cielo
y se despierta el inmortal anhelo
que al fundirse la lumbre, la lumbre bebe. Copos perdidos de encendida nieve,

Junto a la laguna del cristo en la aldehuela de...
blanca en que el agua cristalina
duerme queda en su lecho de laguna
sobre la cual redonda llena luna
que ejército de estrellas encamina vela, y se espeja una redonda encina

La luna y la rosa
silencio estrellado
la Luna daba a la rosa
y el aroma de la noche
le henchía ?sedienta boca?

La mar ciñe a la noche su regazo
ciñe a la noche en su regazo
y la noche a la mar; la luna, ausente;
se besan en los ojos y en la frente;
los besos dejan misterioso trazo. Derrítense después en un abrazo,

La oracion del ateo
ruego Tú, Dios que no existes,
y en tu nada recoge estas mis quejas,
Tú que a los pobres hombres nunca dejas
sin consuelo de engaño. No resistes a nuestro ruego y nuestro anhelo vi

Luciernaga celeste
rnaga celeste, humilde estrella
de navegante guía: la Boquilla
de la Bocina que a hurtadillas brilla,
violeta de luz, pobre centella del hogar del espacio; ínfima huella

Me destierro a la memoria
tierro a la memoria,
voy a vivir del recuerdo.
Buscadme, si me os pierdo,
en el yermo de la historia, que es enfermedad la vida

Morir soñando
t, se disait-il a lui-même, il parait que
mon destin est de mourir en rêvant.
(Stendhal, Le Rouge et le Noir, LXX,
«La tranquillité») Morir soñando, sí, mas si se sueña

Nuestro secreto
preguntes más, es mi secreto,
secreto para mí terrible y santo;
ante él me velo con un negro manto
de luto de piedad; no rompo el seto que cierra su recinto, me someto

Ofelia de dinamarca
e nube de carne
Ofelia de Dinamarca,
tu mirada, sueñe o duerma,
es de Esfinge la mirada.

Orhoit gutaz
pequeña iglesia de Biriatu, a orillas del Bidasoa, hay un mármol funerario con la lista de los once hijos de Biriatu que murieron por Francia en la gran guerra. En la cabecera dice: "A sus hijos que

Pasasteis como pasan por el roble...
teis como pasan por el roble
las hojas que arrebata en primavera
pedrisco intempestivo;
pasásteis, hijos de mi raza noble,

Si tu y yo, teresa mia, nunca...
y yo, Teresa mía, nunca
nos hubiéramos visto,
nos hubiéramos muerto sin saberlo:
no habríamos vivido. Tu sabes que morirse, vida mía,

Te da en la frente el sol de la mañana
en la frente el sol de la mañana
recién nacido, pálida doncella,
misteriosa visión, fugaz estrella,
que te derrites en la luz. Hermana de la que nace cuando la campana

Vere por ti
esconozco», dices; mas mira, ten por cierto
que a conocerse empieza el hombre cuando clama
«me desconozco», y llora;
entonces a sus ojos el corazón abierto

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