Poemas de MIGUEL HERNANDEZ


A mi hijo
el Hernández -

Te has negado a cerrar los ojos, muerto mío,
abiertos ante el cielo como dos golondrinas:
su color coronado de junios, ya es rocío

Aceituneros
Andaluces de Jaén,
aceituneros altivos,
decidme en el alma: ¿quién,
quién levantó los olivos?

Azahar
Frontera de lo puro, flor y fría.
Tu blancor de seis filos, complemento,
en el principal mundo, de tu aliento,
en un mundo resume un mediodía.

Canción del esposo soldado
uel Hernández -

He poblado tu vientre de amor y sementera,
he prolongado el eco de sangre a que respondo
y espero sobre el surco como el arado espera:

Cancion primera
Se ha retirado el campo
al ver abalanzarse
crispadamente al hombre.


Cancion ultima
Pintada, no vacía:
pintada está mi casa
del color de las grandes
pasiones y desgracias.

El herido
Para el muro de un hospital de sangre.

I


El niño de la noche
Riéndose, burlándose con claridad del día,
se hundió en la noche el niño que quise ser dos veces.
No quise más la luz. ¿Para qué? No saldría
más de aquellos silencios y aquellas

El niño yuntero
el Hernández -

Carne de yugo, ha nacido
más humillado que bello,
con el cuello perseguido

El silbo de afirmacion en la aldea
Alto soy de mirar a las palmeras,
rudo de convivir con las montañas...
Yo me vi bajo y blando en las aceras
de una ciudad espléndida de arañas.

El sudor
En el mar halla el agua su paraíso ansiado
y el sudor su horizonte, su fragor, su plumaje.
El sudor es un árbol desbordante y salado,
un voraz oleaje.

El último rincón
el Hernández -

El último y el primero:
rincón para el sol más grande,
sepultura de esta vida

Elegia
(En Orihuela, su pueblo y el mío, se
me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
con quien tanto quería.)


Elegía a ramón sijé
uel Hernández -

(En Orihuela, su pueblo y el mío, se
me ha muerto como del rayo Ramón Sijé,
a quien tanto quería)

Elegia primera
Atraviesa la muerte con herrumbrosas lanzas,
y en traje de cañón, las parameras
donde cultiva el hombre raíces y esperanzas,
y llueve sal, y esparce calaveras.

La boca
Boca que arrastra mi boca:
boca que me has arrastrado:
boca que vienes de lejos
a iluminarme de rayos.

La vejez en los pueblos
La vejez en los pueblos.
El corazón sin dueño.
El amor sin objeto.
La hierba, el polvo, el cuervo.

Las abarcas desiertas
el Hernández -

Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero

Las manos
Dos especies de manos se enfrentan en la vida,
brotan del corazón, irrumpen por los brazos,
saltan, y desembocan sobre la luz herida
a golpes, a zarpazos.

Llamo al toro de españa
Alza, toro de España: levántate, despierta.
Despiértate del todo, toro de negra espuma,
que respiras la luz y rezumas la sombra,
y concentras los mares bajo tu piel cerrada.

Miguel hernandez
'Que tus harapos de oro y sangre vuelen'

Yo quiero ser el que llorando llamo,
al toro herido que enterraron vivo

Muerte nupcial
el Hernández -

El lecho, aquella hierba de ayer y de mañana:
este lienzo de ahora sobre madera aún verde,
flota como la tierra, se sume en la besana

Nanas de la cebolla
uel Hernández -

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días

No quiso ser
No conoció el encuentro
del hombre y la mujer.
El amoroso vello
no pudo florecer.

Rusia
En trenes poseídos de una pasión errante
por el carbón y el hierro que los provoca y mueve,
y en tensos aeroplanos de plumaje tajante
recorro la nación del trabajo y la nieve.

Sentado sobre los muertos
uel Hernández -

Sentado sobre los muertos
que se han callado en dos meses,
beso zapatos vacíos

Teruel
el Hernández -

Líster, la vida, la cantera, el frío:
tú, la vida, tus fuerzas como llamas,
Teruel como un cadáver sobre un río.

Todo era azul
el Hernández -

Todo era azul delante de aquellos ojos y era
verde hasta lo entrañable, dorado hasta muy lejos.
Porque el color hallaba su encarnación primera

Vientos del pueblo me llevan
el Hernández -

Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón

Vuelo
el Hernández -

Sólo quien ama vuela. Pero, ¿quién ama tanto
que sea como el pájaro más leve y fugitivo?
Hundiendo va este odio reinante todo cuanto

Yo no quiero más luz que tu cuerpo ante el mío
el Hernández -

Yo no quiero más luz que tu cuerpo ante el mío:
claridad absoluta, transparencia redonda.
Limpidez cuya extraña, como el fondo del río,

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