RESUMEN DE LA OBRA "LA CASA INUNDADA
- Felisberto Hernández -
Argumento de "La casa inundada", libro de Felisberto Hernandez.
Todo empezó cuando Alcides, el novio de la sobrina de la señora Margarita, la protagonista, halló al narrador pobre y hambriento:

"Alcides me encontró en Buenos Aires en un día que yo estaba muy débil, me invitó a un casamiento y me hizo comer de todo."

En esa misma oportunidad se empeñó en conseguirle empleo y, "ahogado de risa", le habló de Margarita, una "atolondrada generosa" que podía ayudarlo a superar esa crisis.

Mar garita era una viuda que había mandado inundar una casa, "según el sistema de un arquitecto sevillano que también inundó otra para un árabe que quería desquitarse de la sequía del desierto", pero nadie sabía el motivo de tan extravagante idea.

Cuando la viuda, un poco rara y trastornada, se enteró del asunto, se constituyó en mecenas del escritor, "y en el verano próximo, si yo sabía remar, me invitaría a la casa inundada".

Y así sucedió, en efecto. Pero además de aquel requisito tan extraño e incomprensible, la señora Margarita pedía también al pobre de Alcides, como, única condición, que él escuchase la historia que algún día ella tal vez le contaría.

RESUMEN LA CASA INUNDADA - Felisberto Hernández"Quisiera que usted estuviera tranquilo en esta casa; es mi, invitado; sólo le pediré que reme en mí bote y que soporte algo que tengo que decirle.

Por mi parte, haré una contribución mensual a sus ahorros y trataré de serle útil. He leído sus cuentos a medida que se publicaban."

La descripción que el autor hace de la exótica y extraña casa es de una fantasía fuera de lo común.

En un pequeño atracadero empezaba el canal, "la avenida de agua"; desde allí, tocando la campana colgada de un plátano, de la casa se "desprendía" un bote verdoso que venía a buscar a los visitantes, tripulado por un hombre de blanco.

El frente de la casa estaba cubierto de enredaderas.

Al llegar a ella, el botero ató la soga de la barca "a un gran sapo de bronce afirmado en la vereda de la derecha".

Adentro, todo estaba inundado, menos una fuente central llena de tierra y plantas que semejaba una isla.

Por otra parte, según se enteró por el botero, la señora Margarita "no quiere que tiren papeles ni ensucien el piso de agua Esa primera noche, en la casa inundada, estaba intrigado con lo que la señora Margarita tendría que decirme, nie vino una tensión extraña y no podía hundirme en el sueño."

Al día siguiente conoció a la dueña de la casa. "Era muy gruesa y su cuerpo sobresalía de un pequeño bote como un pie gordo de un zapato escotado."

Desde entonces, y durante muchos días, él se dedicó a pasearla en lancha alrededor de la pequeña isla de plantas, "colocado detrás del cuerpo inmenso de la señora Margarita", esperando con enorme curiosidad la historia prometida.

En varias ocasiones le pareció que ella iba a hablar de la cuestión, sin embargo "sólo se deslizaban en el silencio del agua". Finalmente, luego de días de resignación y aburrimiento, llegó la tan ansiada historia, muy distinta a la que él se había imaginado.

Cuatro años antes, en el patio del hotel de una pequeña ciudad italiana donde ella se hospedaba, vio de pronto una fuente de agua que ora le parecía una mirada falsa en la cara oscura de la fuente de piedra; ora que la veía inocente o que la llevaba en los ojos, y entonces caminaba con cuidado para no agitarla; o también le parecía que era poca, sucia, y que el agua la observaba, algunas veces, por entre hojas que no alcanzaban a nadar; otras ocasiones, sintió que alguien quería comunicarse con ella y que había dejado un aviso en el agua y por eso ésta insistía en mirar y ser mirada; cuando veía al agua distraída, pensaba que no le daría ningún aviso ni la comunicaría con nadie.

A partir de entonces pensó que nunca debía abandonar el agua, porque ésta era como una niña que no podía explicarse.

Además, por primera vez, también supo que se deben cultivar los recuerdos en el agua, pues ésta elabora lo que en ella se refleja y recibe el pensamiento; el agua lo penetra y él nos cambia el sentido de la vida. La señora Margarita concluyó diciendo: "El agua es igual en todas partes y yo debo cultivar mis recuerdos en cualquier agua del mundo."

Esa noche, antes de dormir, él se dio cuenta de que había pensado demasiado en la señora Margarita y, a veces de manera culpable, se identificó con ella en sus ideas, le atrajo "como una gran ola, no me dejaba hacer pie" y él no podía defenderse; hasta se imaginó "cómo sería yo casado con ella".

Indudablemente, sus amigos dirían que lo hizo por dinero, y sus antiguas novias se burlarían de él al verlo caminar detrás de esa inmensa mole que sería su mujer. Pero eso a él no le hubiera importado. Por otra parte, cuando la señora Margarita le pidió que se fuera unos días a Buenos Aires, mientras ella, limpiaba la casa, él se sintió muy triste y desanimado.

En cuanto recibió la orden de volver, "me lancé a viajar con una precipitación salvaje".
La mañana que llegó era radiante y habían puesto plantas nuevas en la casa, "pero sentí celos de pensar que allí había algo diferente a lo de antes". La señora Margarita volvió a su historia luego de ayunos días, aunque sin agregar nada nuevo.

Finalmente, una noche, lo hizo partícipe de un extraño rito: ella parecía asistir a su propio velorio, acostada en su cama y a su alrededor velas que arrastraba una corriente de agua- Él, en silencio, tomó el bote y se alejó remando hasta su cuarto.

Esa misma noche, aunque más tarde, la señora Margarita lo volvió a llamar y retomó su historia. Lo que más quería —le explicó— era comprender el agua. Luego, contra su costumbre, ella le tendió la mano al despedirse.

Al día siguiente, cuando fue a la cocina, alguien le entregó una carta; en ella, la señora Margarita le decía que daba por terminados sus servicios y que podía regresarse a Buenos Aires.

"Le tomé simpatía y por eso quise que me acompañara todo este tiempo; de lo contrario, le hubiera contado mi historia en seguida y usted tendría que haberse ido al otro día; gracias por su compañía y que sea feliz, creo que buena falta le hace."

Terminaba la carta diciendo que le dedicaba su historia a José, "esté vivo. o esté muerto", y con ello se cierra la narración.