RESUMEN DE LA OBRA "LAS TRES VIUDAS
- Manuel Ascencio Segura -
Argumento de "Las tres viudas", libro de Manuel Ascencio Segura.
Para tres mujeres, cuyos respectivos maridos han muerto, la vida resulta siempre un problema, máxime en la Lima de 1860. 
La disyuntiva que ofrece una ciudad gazmoña es, viudez beatona con acompañamiento de chismes, o segundo marido con más chismes que beatería. 

Martina se llama la primera viuda de la obra; la segunda es su hija Micaela; la tercera Clara, amiga de las anteriores.  Si bien la trama es sencilla, en cambio, el diálogo, los caracteres, los chistes merecen fervientes halagos.

La escena de la comedia acontece en Lima, en casa de doña Martina, quien recrimina a su hija Micaela estar en coqueteos con Pablo, joven sin oficio ni beneficio. 
Ella pretende para su hija, quien enviudó hace un año, un marido con buena posición social y económica,, y el indicado es don Melitón, un hombre ya entrado en años quien está loco por la viudita. 

Ante la negativa de Micaela de ser su esposa, don Melitón pide a Martina que sea su mujer.  Martina queda estupefacta ante la petición de don Melitón.  En ese momento llega Clara, joven viuda y bien dotada, quien flirtea con Melitón, lo cual provoca los celos de Martina. 

Ante lo sucedido Martina piensa que ahora sí, su hija Micaela, puede casarse con quien le venga en gana.  Pero en la joven Clara, ve una rival a quien no se puede desestimar. 

Mientras tanto, Clara informa a Micaela que el tal Pablo no se llama así, sino Pedro y que también es un hombre casado.  Micaela se resiste a creerlo; pero la firmeza de Clara no tarda en convencerla.  Micaela encara a Pablo lo que Clara le ha contado. 

RESUMEN LAS TRES VIUDAS - Manuel Ascencio SeguraEste le aclara que se llama Pedro Pablo, y que hace ya un tiempo galanteó a una mujer, quien después por despecho propaló una serie de chismes, tales como que él era un pillo, un hombre casado y hasta que carga cuchillo. 

Pablo le dice que la ama con frenesí, y que no lo anima otro afán que hacerla su esposa, en el momento si ella quiere. 

Martin que había estado escuchando la conversación le manifiesta a su hija que cuenta con su consentimiento para casarse con Pablo. 

A Micaela le extraña el cambio repentino de su madre. 

Pablo no puede ocultar su felicidad ante la buena nueva.  Martina le hace saber también que pronto dejará la viudez, pues, va a casarse. 

Es Melitón quien da la noticia del próximo himeneo.  Micaela y Pablo quedan asombrados.  En ese instante llega un criado portando una carta para don Melitón, quien la lee con mucha discreción.

 Antes de partir, Martina le dice que quiere hablar con él en privado.  Pablo manifiesta a Micaela sus sospechas de que su madre y Melitón traman algo contra ellos, para evitar su enlace.  Muy ofuscado se retira indicándole a su futura consorte que agilizará los trámites para que antes de un mes, puedan contraer su unión. 

Micaela duda en el fondo que don Melitón y su madre quieran hacerle daño, pero al fin la duda se apodera de ella.  Melitón se niega rotundamente, a pesar de la insistencia de doña Martina, a mostrarle la misiva recién recibida, y más aún, le manifiesta que ya no quiere casarse con ella. 

Cuando don Melitón se retira, doña Martina manda llamar a Juana, la empleada, para que con el pretexto de solicitar una bandeja vaya a casa de Clara y averigüe si don Melitón ha ido allí.  Para su sorpresa, Clara llega en ese momento buscando a Micaela, Juana va a llamarla pero regresa a los pocos minutos anunciando que ésta está con jaqueca. 

Martina interroga a Clara si conoce a don Melitón desde años atrás; pero ésta le dice que no lo había visto nunca.  Cuando Clara se retira, aparece Micaela y dice a su madre que lo de su jaqueca era un pretexto para no recibir a Clara, ya que ésta está empeñada en despotricar a Pablo, su prometido. 

Pablo aparece e informa a madre e hija que ha visto a don Melitón ingresar a casa de Clara, y propone a ambas formar un triunvirato contra el complot que deben estar tramando los compinches.

 Cuando Juana regresa y manifiesta que ha estado en casa de Clara y que no ha visto a don Melitón allí, provoca la incertidumbre entre los que conforman la alianza.  Pablo, escéptico ante lo que Juana manifiesta, parte dispuesto a esclarecer todo el embrollo. 

Por otro lado, artina vuelve a enviar a Juana a casa de Clara para que averigüe lo que acontece, con el pretexto de devolverle la bandeja.  Horas más tarde regresa Juana e informa a madre e hija que no ha visto a Pablo ni a don Melitón en casa de Clara, lo cual aumenta la intriga e incertidumbre en las interesadas.

Martina dispuesta a desentrañar el misterio sale con Juana a encargar a una amiga que averigüe lo que acontece.  Cuando Micaela queda sola en la casa, aparece sorpresivamente don Melitón y le dice que quiere hablar con ella.  Le muestra la carta que había recibido, y Micaela la lee. 

En ella, una tal María Campana lo citaba en su domicilio porque tenía que informarle algo importante sobre Pablo.  Melitón le dice a Micaela que acudió a la cita y que María Campaña le informó que Pablo estaba comprometido en matrimonio con ella. 

Melitón le pide que no se preocupe que él la ayudará a esclarecer su situación.  Emocionado le toma la mano y se la besa, en ese instante entra Pablo y arma una escena de celos y reta a don Melitón a un duelo.

  En ese preciso instante llega Martina con Juana. 
Pablo cuenta a su manera la escena que contempló y los insultos entre todos los que están reunidos van a diestra y siniestra. 

Cuando las aguas se calman, Pablo grita enardecido que nunca ha sido casado y que no ha tenido compromiso alguno. 
La aparición de Clara trae luz a tanto embrollo, al afirmar que Pablo haciéndose pasar por un tal Pedro Juanelo habíase casado con ella años atrás. 

Clara narra los acontecimientos detalladamente:  cuando ella era joven gozaba de una pensión como viuda de un marido que falleció en Amazonas.  No obstante, volvió a casarse y lo hizo con el nombre de María Andica; el esposo fue nada menos que Pablo Post as, que se hizo pasar por Pedro Juanelo. 

A los tres meses de celebrada la boda, con Pedro la abandonó, y se entregó libremente a una vida escandalosa, creyendo que ella jamás diría algo en su contra para no perder la pensión que hasta ese momento se le abona. 

Aclara además, que tratando de evitar una desgracia, se decidió a conjurar contra el facineroso de Pablo, y para lograr su objetivo conspiró con don Melitón y que se valió además de una vecina llamad María Campana para que le hable a solas al anciano Melitón; ésta le escribió la carta citándolo. 

Micaela pide perdón a Clara por haber dudado de ella.  Don Melitón, que es un hombre adinerado, se compromete a abonar a Clara, el equivalente de su pensión, en el caso que por lo acontecido, se le quiten. 

Melitón informa a Micaela que toda su fortuna la pone a su disposición para cuando él muera, ya que si no puede alcanzar su amor, por lo menos le permita quererla como a una hija.
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