Hoy dejé la ciudad mientras dormía.
Sé que no he de volver, y ella lo sabe.
Tal vez, pasado el tiempo, todo acabe
por ser tan sólo el sueño en donde huía

la sombra vertical de un mediodía
cuya imagen conservo como un grave
ciprés que va a caer. Giré la llave
y entonces comenzó la lejanía

y un ámbito de luz prendió el reflejo
del árbol inclinándose a la tierra.
Otro ya en mi lugar lleva el idioma.

Otro toma el avión en que me alejo,
y otro más la ciudad donde alguien cierra
un portón de metal que se desploma.