Cuando tú eras magnífico
cientos de naves venían a estrellarse
en los desfiladeros de mi sombra.
Yo miraba en tus sueños
con la inquietud del náufrago
y jugaba a nombrarte monarca de las islas
mensajero del aire.
Cuando tú eras espléndido
mi cuerpo el cantil que frecuentabas
y yo una especie perseguida en vano
escuchaba en el viento encantadoras 
músicas
levantaba mareas
    y subía por la furia homicida de tus olas.
    Sólo la claridad nos inundaba.
    Ah, cuando tú eras magnífico.


(Epígrafe de Vicente Aleixandre)