Ya no soy poeta
ni esto es una poesía,
es mas bien un manifiesto,
la retirada sin banderas blancas,
cuatro letras tiradas a su mala suerte,
pobres y agónicas,
confundidas,
mal interpretadas,
resignadas a su mal vivir,
preguntándose una y otra vez
por qué diablos cayeron en mis manos.
¡Pobres letras!
Escuálidas
en el esqueleto,
sin más posesión que sus propios huesos,
sin otra sonoridad que sus lamentos.
¡Pobres letras!
No saben lo que es caer en manos de una
que ya no es poeta.