Callabas.
Bajo la blanca noche de agosto
temblaban estériles y ausentes
las sombras de nuestras figuras,
como el rumor del viento
que nacía de los árboles
y moría en nuestros labios
sin decir nada.
Una bandada de pájaros negros
cruzó por nuestros ojos,
sin saber a dónde ir,
dónde esconderse.
Me invadió un aire frío,
un llanto de cenizas.
No supe que decirte.
Tú te alejabas.
Ladraban unos perros
al fondo de la noche.