Dentro de las fronteras que nos cierran el paso
hay exilios tumbados sobre el ocre del aire
y de la lengua.
La gente que aparece en la película
no es gente sino impulsos electrónicos,
gnomos en las antenas sinuosas,
gárgolas monstruosas sin mirada.
Ante el cristal estamos yo y los otros,
con la sangre veloz y enmudecida,
escuchando esas voces sin garganta,
aguardando el amor que se nos niega.
¿Acabará mañana la mentira?