En un viaje, Pardo nos presenta a “Goyito”, prototipo del “niño engreído”, personaje típico de la Lima de su época, que ha estado recibiendo por tres años enteros cartas de Chile, en que le informan la necesidad de que viaje a aquel país a solucionar ciertos negocios interesantísimos de familia, que han quedado embrollados con la muertes súbita de un deudo. 

El niño Goyito va a cumplir cincuenta y dos años, y desde que salió del vientre de la madre le llamaron niño Goyito y niño ´Goyito le llaman ahora y lo llamarán así hasta que muera, porque hay muchas gentes que van al panteón como salieron del vientre de su madre. 

Tres años se pasó considerando el niño Goyito cómo se contestarían esas cartas y cómo se efectuaría ese viaje.  Pero al final el asunto se decide y el niño Goyito viajará a Chile. 

Como era natural la noticia corrió como reguero de pólvora por toda la parentela, y dio conversación y quehaceres a todos los criados afanes y devoluciones a todos los conventos y convirtió la casa en una algazara. 

Las “hermanitas” de Goyito (la menor de las cuales era su madrina de bautizo) consumieron seis meses en preparativos para la partida del viajero y, a pesar del dolor en que encontraban, se buscaron sastres por allá;

un hacendado de Cañete mandó tejer en Chincha cigarreras, los dulces para el viajero fueron responsabilidad de la madre Trasverberación del Espíritu Santo y otra parte a Sor María en Gracia;

las pastillas fueron encargadas a la Madre Salomé; el padre Florencio de San Pedro corrió con los sorbetes, y se encargaron a distintos manufactureros y comisionados, sustancias de gallina, botiquín, vinagre de los cuatro ladrones para el mareo, camisas a centenares, chaqueta y pantalón para los días calurosos. 

Llegado el día surgió la disyuntiva de si el buque en el que viajaría Goyito era seguro o no.  Después de costearle el viaje, un catalán pulpero fue el elegido para determinar la seguridad de la embarcación. 

Su dictamen es rotundo; “El barco es bueno y don Goyito irá tan seguro como en un navío de la Real Armada”.  Este dictamen calma la inquietud.  Las lágrimas de las despedidas se confunden con los encargos; jamones, dulces, lenguas y cobranzas.  

¡Adiós hermanitas mías! ¡Adiós Goyito de mi corazón!,  El alma de mi mamá Chombita te lleve con bien, son algunas de las invocaciones que cierran el tan esperado viaje. 

Este acontecimiento resultó tan notable que en las tertulias se pregunta: ¿Cuánto tiempo lleva fulana de casada?  Aguarde Ud.: fulana se casó estando Goyito para irse a Chile”. 

“¿Cuánto tiempo hace que murió el guardián de tal convento?. Yo le diré a Ud.; al padre guardián le estaba tocando las agonías, al otro día del embarque de Goyito.  Me acuerdo todavía que se las recé, estando enferma en cama, de resultas del viaje al Callao”. 

“¿Qué edad tiene aquel jovencito?  Déjeme usted recordar, nació en el año de… Mire usted, éste cálculo es más seguro: Son habas contadas: cuando recibimos la primera carta de Goyito estaba mudando dientes.  Con que, saque usted la cuenta…” 

Este artículo fue publicado a raíz de un viaje que Pardo tenía que realizar y se despide lamentando el hecho, de que por este alejamiento tendrá que suspender sus dulces coloquio9s con su público.

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